Noel Manzanares Blanco - Cubainformación.- Versión de las palabras concebidas ante el cuarto aniversario de su desaparición física. Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz.


El 25 de Noviembre de 2016, justo al cumplirse seis décadas del traslado del Yate Granma desde México para reiniciar la lucha libertadora en nuestro país, Fidel partió a la Eternidad. Sin duda, se trata de quien constituye la síntesis enriquecida de las doctrinas de los Padres fundadores de la nación cubana (desde Félix Varela hasta José Martí); de las teorías de Carlos Marx, Federico Engels y Vladímir I. Lenin; y de lo más avanzado del pensamiento social universal —incluido el cubano desde Julio A. Mella hasta Che Guevara.

Impuesto del suceso que nos convoca en este día, de la fructífera vida y legado de Fidel traje a colación un par de acontecimientos que por sí mismo develan la extraordinaria fuerza del pensamiento del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana:

Uno: tras el desembarco del Granma el 2 de Diciembre de 1956 y el revés de Alegría de Pío luego de 72 horas, al encontrarse con Raúl Castro y un puñado de combatientes del Ejército Rebelde el 18 de aquel mismo mes —precisamente en el momento en que la lógica, el sentido común y la aritmética aconsejaban cesar la lucha ante la superioridad militar del enemigo—, Fidel atinó a decir: “¡Ahora sí ganamos la Guerra!”.

Y dos: el 26 de Julio de 1989, ante el camino a la desintegración de la Unión Soviética y la enorme tragedia que de ello se derivaría —en una trama internacional en la que hasta el sabio Noam Chomsky creyó que seríamos la próxima víctima—, Fidel sentenció que en esas condiciones Cuba y su Revolución continuarían resistiendo y luchando por un mundo mejor para nuestro pueblo —suceso devenido cúspide en nuestro Internacionalismo Proletario.

Ahora, resalto tres pasajes del magisterio de Fidel sobre la unidad revolucionaria:

Primero, confesó al entrar en La Habana en 1959: “Creo que todos debimos estar desde el primer momento en una sola organización revolucionaria”. Segundo, alertó al reunirse con los intelectuales en 1961: “La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”. “Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. Y tercero, manifestó en aras del consenso en 1963: “A nuestro pueblo una orientación:  que nuestra tarea es unir, dentro y fuera; eliminar todo lo que nos divida, dentro y fuera; luchar por todo lo que nos una, dentro y fuera.  ¡La unidad dentro de los principios, esa es nuestra línea!”.

Asimismo, destaco un juicio acerca de lo que se convirtió en nuestra Vanguardia ideo-política:

Como premisa del proceso de construcción partidista conducido por Fidel de la mano de José Martí, por un lado encontramos la tesis martiana que data del 20 Julio de 1882:

“[…] si no está en pie, elocuente, erguido, moderado, profundo, un partido revolucionario que inspire, por la cohesión y modestia de sus hombres, y la sensatez de sus proyectos, una confianza suficiente para acallar el anhelo del país —¿a quién ha de volverse [el pueblo], sino a los hombres del partido anexionista que surgirán entonces?”.

Por otra parte, hallamos que Martí escribió el 10 de Abril de 1892: “[…] Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.

En correspondencia con estas ideas —y sin demeritar la labor de Fidel en favor de la unión de las organizaciones revolucionarias durante la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista (1952-1958)—, después del Triunfo de 1959 debían juntarse el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7), el Partido Socialista Popular (PSP —Comunista) y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR 13-M).

Así, entre 1960 y 1961, surgieron las Organizaciones Revolucionarias Integradas (las ORI) que —tras un proceso de rectificación de posiciones sectarias entre los años 1962 y 1963—, se transformaron en Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (el PURSC) cuya evolución y perfeccionamiento entre finales de Septiembre de 1965 y principios de Octubre del mismo año condujeron a que optara por el nombre de Partido Comunista de Cuba (PCC).

Al calor de este proceso, emergió un principio fidelista para ingresar a la Vanguardia ideo-política cubana: me refiero a la consulta con las masas. Ello constituyó un aporte a la lucha por la calidad del Movimiento Comunista a escala internacional; al paso que devino condición sine qua non para legitimar recurrentemente al Partido conductor de la edificación de nuestro Socialismo desde el postulado expuesto por Fidel, a saber: “La vinculación más profunda y permanente con las masas fue ayer, es hoy y deberá ser siempre la brújula de nuestro Partido”.

He aquí la síntesis del origen martiano y fidelista de nuestro Unipartidismo.

No obstante, hemos de recordar también un día como hoy que Fidel nos legó de manera especial su Concepto de Revolución —la quintaesencia del trabajo político-ideológico, al decir del propio Raúl—, en cuyo contenido consta el “sentido del momento histórico”, “cambiar todo lo que debe ser cambiado” y la necesidad de “luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo” —entre otros principios medulares.

Con estos presupuestos, encaramos la actualización de nuestro modelo de desarrollo o sea, una nueva etapa con la brújula enfilada en crear una “Sociedad socialista próspera y sostenible” en diálogo con los documentos emanados de los Congresos seis y siete del PCC en 2011 y 2016, respectivamente —además de los Objetivos de trabajo del PCC aprobados en la Conferencia Nacional de 2012: dígase, la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021 y la Acepción de algunos términos utilizados en la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y en las bases del Plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030.

En este contexto, tiene lugar el paulatino traspaso de las riendas del sistema político cubano: estamos transitando de la conducción de la Generación histórica a la conducción de la Generación de continuidad liderada por el Compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Vale significar que el Presidente Díaz-Canel trabaja a tono con el legado de Fidel y las orientaciones de Raúl; revitaliza el Proceso de Rectificación de los años ochenta del siglo XX; vigoriza la percepción martiana del deber ante la Patria para dinamizar la edificación/irreversibilidad de nuestro Socialismo; lidera la obra fortalecida con nuestra nueva Carta Magna; y tiene una marcada huella ante la Covid-19 en medio de agresiones inéditas facturadas por Donald J. Trump.

No es ocioso subrayar que significa un mérito cubano el enfrentamiento a la Covid-19 en un ambiente en extremo hostil. En ello está la impronta de Fidel en la Ciencia cubana cuyo punto focal lo resume su advertencia del 15 de Enero de 1960: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento”.

Apenas un ejemplo de cuánto hemos alcanzado en el enfrentamiento a la Covid-19 en un entramado excesivamente complejo pero alumbrado por el pensamiento pro científico de Fidel, está en que Cuba es el primer país en América Latina y el Caribe en tener un candidato vacunal en fase de ensayos clínicos contra la pandemia que hoy azota a la humanidad, sin despreciar la existencia de otros tres candidatos vacunales 100 % cubanos. Son resultados precedidos por la experiencia que tienen nuestros científicos e instituciones en el campo de la Biotecnología.

Tampoco es ocioso ponderar la actitud del Estado cubano frente a la Covid-19 a través del grupo temporal de trabajo encabezado por el Presidente de la República que en estrecha comunión con el puebloha logrado que hasta la fecha se haya recuperado el 91,3 % de las personas contagiadas; que mantenga su fortaleza nuestro Sistema de Salud Pública; que no se reportan infantes ni adolescentes fallecidos, y no lamentamos muertes maternas ni de personal sanitario en Cuba vinculado a la atención médica —sin renunciar al principio de la Solidaridad en el patio y en la arena mundial.

Entretanto, en los días que vivimos de modo particular nos enfrentamos al llamado Ordenamiento de la economía cubana en el marco de las directrices del PCC y de nuestro Estado al amparo de la nueva Constitución

.El Presidente Díaz-Canel, el pasado mes en nuestro Parlamento, dijo que la voluntad del Gobierno es avanzar con determinación en los dos meses que nos restan del año para alcanzar el mayor nivel de implementación posible dentro del propio 2020; que es preciso acelerar el ritmo y las transformaciones profundas que nos debemos con innovación; y que por eso insistimos tanto en el papel de nuestras universidades y centros científicos, que nos acompañan en los análisis y elaboración de las propuestas.

Al respecto, la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz se esfuerza por contribuir al desarrollo del país de acuerdo con su “Actualización de la Planeación Estratégica / Año 2020-2021” entre cuyos Objetivos consta:

“No 3: Incrementar el desarrollo científico- tecnológico de la Universidad y el impacto de la introducción de los resultados de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en los sectores estratégicos para el desarrollo económico y social del territorio y del país.

“No 4: Garantizar la satisfacción de las necesidades de capacitación, superación y posgrado académico, de profesionales, cuadros, reservas y canteras en correspondencia con las demandas del desarrollo sostenible local, territorial y del país”.

No se trata solo de objetivos sino además de hechos y realizaciones concretas. Ahí está nuestro quehacer creciente desde las diversas Facultades, Centros de Estudios y Proyectos de Investigaciones con trascendencia local, territorial, nacional e internacional; en paralelo con el perfeccionamiento del proceso docente-educativo y la labor extensionista universitaria más allá de lo artístico y lo deportivo.

Hago un aparte, para referirme al virtual nuevo Presidente de EEUU: Mr. Joe Biden.

Podemos aplaudir que en su discurso del pasado 7 de Noviembre Biden se pronunciara a favor de las batallas para controlar la Covid-19, construir la prosperidad, asegurar la atención médica de la familia, lograr la justicia racial, erradicar el racismo sistemático, salvar a nuestro planeta, restaurar la decencia, defender la democracia y darle a todos en EEUU una oportunidad justa.

Así, es comprensible que nuestro Presidente Díaz-Canel planteara: “Reconocemos que, en sus elecciones presidenciales, el pueblo de EEUU ha optado por un nuevo rumbo. Creemos en la posibilidad de una relación bilateral constructiva y respetuosa de las diferencias”.

Sin embargo, debemos tomar nota de un hecho: el próximo presidente de EEUU envió un mensaje en medio de las festividades por la Virgen de la Caridad del Cobre el pasado 8 de Septiembre mediante el cual planteó: “Reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable de luchar por los derechos humanos, la libertad y la democracia en la isla”. En otras palabras, su compromiso por restaurar el capitalismo en Cuba.

En tal escenario, nos debe guiar la reflexión de Fidel en “El hermano Obama” el 28 de Marzo de 2016, básicamente lo que continúa:

“Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: 'Es hora ya de olvidarnos del pasado […] mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos'”.

“No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta” —concluía Fidel.

En consecuencia, si bien podemos declarar una enhorabuena la victoria de Biden para el Mundo y, no en poco medida, para Cuba —aún sin la despedida del trumpismo; no obstante, con la sabia del Eterno Fidel hemos de identificar al virtual Presidente de EEUU como ¿otro hermano? instalado en la administración de Washington.

Es decir, es tan probables que Biden se aleje de las atrocidades del casi fascista Donald Trump ante la Revolución Cubana, como que el ex vicepresidente de Barack Obama apele al incremento de la subversión ideológica en su intento de desmontar el Socialismo cubano.

Cuanto he resaltado de la vida, obra y pensamiento nutriente de Fidel, va acompañado de un matiz excepcional: su capacidad para dilucidar el desarrollo de sucesos y fenómenos tanto en su devenir histórico como en su tendencia/coyuntura —reflejo de quien “viaja al futuro, regresa y lo explica”, al decir del Expresidente argelino Abdelaziz Bouteflika; unido a la determinación de buscar “los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo”, según la percepción del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. Todo, muestra de una característica del liderazgo fidelista.

Concluyo: en la hora actual de Cuba, Fidel ilumina nuestro quehacer en torno al modelo de desarrollo cubano liderado por el Presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez con las orientaciones del Primer Secretario de nuestro Partido Comunista, Raúl Castro Ruz; al tiempo que la sabiduría del propio Fidel constituye pauta tanto de cara a la futura administración Biden como frente a la construcción de la irreversibilidad del proceso revolucionario cubano. ¡Amen!

Nota: el autor es Presidente de la Cátedra Honorífica de Estudio del Pensamiento y Obra de Fidel Castro Ruz en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, Cuba.

 

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