Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- ¿Qué es Cuba? No obstante intentar responder a través de la literatura, siento que la interrogante es válida para todos los artistas cubanos y también para cada cubano que vibre al nombrar a nuestro país.


 

El 1 de enero de 1959 es el interminable instante que nos ha llevado a cargar con la isla y sus cayos adyacentes para todo el resto de nuestras vidas donde quiera que vayamos, a la cocina o al sofá, a la calle Empedrado o al Malecón, a Cueto o a Morón, a Groenlandia o a Malasia. Y también al río Miami o a South Beach. ¡Ay, Cubita, cuántas islas en el mundo te pusimos los cubanos para un eterno contrapunto entre nosotros mismos!… No solo de ‘pelota’ se discute en el Parque Central. Así, parecía que si Trump hubiera sido reelegido, Cuba pendía de un abrazo o de ese ‘acabose’ que no es por la infinita inquina de muchos gobernantes ‘americanos’ -que también, aunque ya muy mermada por la sabiduría de otros de sus políticos-, sino por la rabia tonta e insana que padecen algunos cubanos con el célebre sarcoma de Mayami.

¡Cruel enfermedad con la que se han contagiado algunos en la puerta de una casa en La Habana, en Varsovia, en Madrid y, por supuesto, en Washington, pero sobre todo en la bella ciudad de Miami donde el pus empaña el cielo y sus estrellas! En su inmensa mayoría tales cubanos no son tan blancos, ni tan rubios, ni prima en ellos el azul de sus ojos. ¿Podrán en algún amanecer librarse del virus y verse frente al sol moreno tan indios como los antiguos habitantes del sitio donde viven? Sé que disfrutan del bienestar alcanzado, pero fueron más saludables cuando participaron de aquellos encuentros -los llamados ‘de pueblo a pueblo’-, que entre hermanos y amigos celebraron verse de nuevo, conocer juntos otros paisajes, oír y bailar con la música de todos, mirar los colores de la luz de su tierra, pensar con las interpretaciones teatrales y cinematográficas de la isla, reflexionar con los amplios sentidos del verso y la narrativa de un tiempo que se creía perdido, y hablar, o mejor dicho, compartir un recuerdo festivo o cómo le iba a cada cual en las orillas elegidas o por donde transitan a su buena suerte. Muy pocos en Miami se atrevieron a romper un disco, quemar una pintura o repetir un repudio que no gustó a ninguno y que solo podrán analizar con cordura los historiadores del futuro. La tierra más hermosa, como la leyenda recoge sobre Cuba, impuso el abrazo necesario.

Obama no nos quiso mucho, pero nos dio paso a una categoría de su sistema mental: la competencia. Y si bien es cierto que todos lo oímos con respeto, no es menos exacto que hasta nuestra simpática “Mañeña” pudo dirigir con tremenda alegría la disparidad de visiones en un programa estelar de la tv miamense y un buen elenco conjunto asistió al Festival Internacional de Teatro de La Habana. ¿Qué fue de aquellos años bastante tranquilos y algo prometedores? ¿Acaso los supremacistas blancos ‘americanos’ pudieron pasarle el virus del odio a algunos cubanos de Miami? Finalmente serán vistos como otros latinos criminales para un día echarlos de su gran nación porque, como los negros y otros insectos invasores que antes fueron esclavos, nunca podrían concebir bien el “America first” para el que nunca fueron llamados.

¡Hermanos míos! Estense atentos, muy atentos a los vientos y a las madrugadas. Millones de cubanos en la isla, con los canguros de Australia o en la propia ciudad floridana que fue emblema de magníficos regocijos, y hasta otros millones de personas en América, Europa, Asia y África que solo quieren volver a sentir el abrazo tan gustoso que saben dar y disfrutar los cubanos, sobre todo su personal médico, hacen votos a Dios, a Buda, a Vishnu, a Alá, a Viracocha, a Itzamná, a Quetzalcoatl, a Obatalá, Yemayá, Oshún, Shangó, Elegguá, Ogún, Oya y a la Pacha Mama para que ‘el acabose’ sea el sarcoma de Mayami que inunda el corazón de unos cuantos cubanos por el mundo.

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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