Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación-Radio Miami.- Estados Unidos tiene un sistema bipartidista consolidado desde hace más de un siglo en el que el Partido Demócrata es, a priori, el que defiende una política más progresista, y el Partido Republicano el que representa una postura mucho más conservadora. Pero no siempre fue así, de hecho, en sus inicios ambas formaciones defendían las posturas que ahora sostiene su rival.


En estos días ha habido protestas en Cuba. Escucho las noticias. Especialmente la de los medios acreditados. Les presto más atención que a las llamadas “redes sociales”, porque los primeros tienen normas éticas, a las cuales deben atenerse y una vez conocidas, permiten digerir la información que ofrecen. Estos medios poseen más seriedad que los criterios expresados en dichas redes, donde cualquier orate puede sentirse importante contemplándose mientras hilvanan en YouTube un discurso basado en dudosas o escasas fuentes informáticas. Más peligroso aún, el grueso de la información son las bolas incendiarias cuidadosamente confeccionadas por los órganos de inteligencia de los diversos estados quienes, conociendo de la existencia de tanto megalómano, sicóticos y narcisistas, las echan a rodar para que estos las amplifiquen, “administrando” de este modo los acontecimientos para mover la opinión pública en la dirección deseada.

En la actualidad somos víctimas de esas manipulaciones y no podemos sustraernos a ellas. Un día tras otro, caemos en sus redes, las cuales controlan las conductas, más que nuestro pensamiento. A los estados cada día les interesa más unificar conductas que igualar los modos de pensar de las sociedades. A fin de cuentas, a los poderes sólo desean conservar sus prerrogativas. El manejo de las redes sociales va encaminado a ese objetivo, especialmente desde que los gurús de los servicios de inteligencia, vinculados a sus departamentos de propaganda y manipulación, descubrieron que dichas redes sociales, lejos de representar un peligro para los intereses y seguridad del estado, constituyen una magnífica arma para llevar las manadas al redil en unos casos y al abismo en otros.

Cuando fracasaron los intentos insurrectos contra el incipiente proceso revolucionario cubano, pasados los primeros años de la década del sesenta, elaborados y dirigidos por la CIA, los esfuerzos del Departamento de Estado de Estados Unidos se concentraron en lo que se denominó la “Olla de Presión”. Esta estrategia, malévolamente estructurada como todo plan de guerra que la humanidad ha ideado a lo largo de su carrera sapiente, tiene por objetivo crear dificultades a la población cubana para que, alcanzado el punto máximo de ebullición, reviente espoleada por las penurias y se lance a las calles. Semejante situación obligaría al estado a disparar y quizás masacrar a unos cientos de ciudadanos (algo que todos los estados hacen, desde los más “democráticos” hasta los más autoritarios), para contener la protesta y establecer el orden. Llegado ese punto, Estados Unidos, autonombrado guardián de los “derechos humanos”, o sea, los derechos humanos que ellos proclaman, aunque rechacen otros defendidos por otras sociedades, entraría en escena, amenazarían con intervenir militarmente y procederían a reemplazar al gobierno cubano imponiendo las normas de Washington.

La gobernación cubana ha tenido grandes dificultades para estructurar un sistema económico eficiente. No obstante, socio políticamente ha introducido ligeras normas que ayudan a disfrazar el autoritarismo, aligerando las presiones sociales gracias al establecimiento de una pequeña permisibilidad respecto a puntuales debates que circulan en la intranet, expresados por personas especializadas en diferentes áreas de la gobernación, la mayoría de ellas ajenas a funciones políticas.

No ocurre así en la economía, donde la rueda que puede hacer avanzar al país integralmente no acaba por reemplazar el rodamiento de la época soviética.

Los únicos países con proyectos políticos esencialmente diferentes al resto del mundo son China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba. Los dos primeros reconocen la economía del capital y su forma de mercado, mientras los dos últimos se mantienen estancados en experimentos que han demostrado navegar contra las tendencias dadas por las condiciones materiales existentes. Quiero hacer la salvedad que entre Corea del Norte y Cuba existe además la distancia de abismos infinitos desde el punto de vista político.

Para China y Vietnam la economía del capital es una realidad cuya diferencia del resto de los países está dada por el criterio y práctica estatal asumida, que plantea regular minuciosamente y administrar ocasionalmente. Siendo ambos elementos, los aspectos políticos que definen su nueva concepción socialista, en contraposición a los sistemas políticos capitalistas.

Cuba aún no ha dado totalmente ese salto, pero aun cuando lo hubiese hecho o en caso que lo hiciera en un futuro, sus condiciones materiales no podrán progresar a ritmos normales porque las trabas impuestas por el Bloqueo, le impedirían ser parte de la economía mundial, del mismo modo que participan China y Vietnam porque Washington le prohíbe hacer uso del dólar y penaliza las empresas con capital estadounidense que intenten hacer negocios con la Isla. Por consiguiente, en estos momentos hay tres elementos que impiden a Cuba avanzar. Estos son: el Bloqueo, la pandemia y una reforma económica pendiente, que la colocaría en el camino del nuevo concepto socialista adoptado por los países asiáticos mencionados.

La estrategia de la Olla de Presión fue prácticamente abandonada por la contrarrevolución miamense cuando las condiciones políticas internacionales y ciertas reformas introducidas en la economía cubana, la hicieron progresar hasta el punto de producir mejorías en el consumo y las personas se sintieron más relajadas mentalmente, gracias a la introducción de prácticas políticas que aliviaron medianamente el autoritarismo de estado.

Pero la contrarrevolución que nunca ha muerto en Miami, ni en las entrañas del establishment de Washington, acostumbra invernar en espera de la llegada de una estación veraniega feliz, y hace poco más de un año, halló finalmente ese verano con la llegada de la pandemia.

Sabiendo que Cuba suspendería el turismo y los pocos medios de producción exportables con los cuales abastecerse de los insumos requeridos para otras producciones nacionales, han ejercido todo su poder en Washington con el maligno pensamiento de que un país sin recursos terminaría por disponer de muy poco para mantener encerrada una población de 12 millones de habitantes. Sumado a esa realidad, cuentan con los millones de dólares que el Departamento de Estado, a través de USAID, dispone para pagar a varios miles de cubanos nacionalizados estadounidenses, más interesados en un jugoso salario que por el bienestar de sus coterráneos. A esto debemos agregar el asesoramiento y el trabajo clandestino de los órganos de inteligencia al servicio de tales menesteres que, convenientemente, confeccionan información y disponen además de gente necesitada en la Isla que, por unos pocos dólares, suficientes para alimentar a su familia, realizarán trabajo de zapa en una población agotada por los altibajos de 60 años de carencias y alimentarán las redes sociales, que en la realidad trabajan para beneficio de los estados y no para ofrecer mayores libertades de información a la ciudadanía.

El descontento de la población ha ido en aumento. Esa es una realidad que quizás el triunfalismo del gobierno en la Isla no ha aceptado en su totalidad pero que los órganos de inteligencia de Estados Unidos, están conscientes y conocen en detalle. Dinamita, combustible, detonantes y fuego se han juntando en Cuba y eso lo sabe la contrarrevolución que ha desatado a todo dar el luctuoso plan de la Olla de Presión, pero esta vez con una cantidad de fuego que excede por mucho, la unidad de calor que en el pasado la calentaba. Desde la llegada de la pandemia arreciaron sus esfuerzos por mantener e incrementar las sanciones económicas a la Isla.

Cuando unimos todos estos factores, podemos comprender mejor las protestas que han tenido lugar en Cuba en estos días, llenando los cintillos de la prensa conservadora internacional, sin tener el más mínimo pudor, de referirse al Bloqueo – Embargo, explicarlo y destacar que, precisamente en medio de la pandemia, han aumentado las medidas represivas de Washington, sin consideración alguna que el contendiente, con un honor pocas veces visto, sin abandonar sus obligaciones sociales, se niega a caer sobre la lona. Ni siquiera las protestas ocurridas en Colombia en las pasadas semanas, violentamente reprimidas, con varias decenas de muertos y cientos de heridos, obtuvieron una cobertura similar como los disturbios recientemente ocurridos en la Isla.

Cuba tiene aún un largo camino por transitar, pero repitiendo con el presidente de México, primero hay que eliminar el Bloqueo – Embargo y a partir de los resultados sacar las conclusiones del caso.

Aunque a muchos no les gusta: tendrá que seguir lloviendo sobre lo mojado y tendremos que seguir hablando del Bloqueo, como una política inmoral de Washington contra un país que nunca lo ha atacado ni ha conspirado en su contra y de las indecisiones del gobierno cubano, para dar pasos más acordes con el comportamiento de la economía.

 

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

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