Artur González / Heraldo Cubano.- Desde el mismo año 1959 cuando triunfó la Revolución cubana, el tema migratorio ha sido manipulado por todas las administraciones de Estados Unidos, con el propósito de satanizarla y hacerle creer al mundo que los cubanos no apoyan ese proceso revolucionario.
Lo primero fue acoger a todos los asesinos, torturadores y ladrones vinculados al régimen del dictador Fulgencio Batista que salieron de Cuba huyendo de la justicia, convirtiéndolos en refugiados y negándose a extraditarlos, a pesar de estar vigente el tratado entre ambas naciones. Múltiples fueron las notas diplomáticas reclamando su deportación a la Isla, pero ninguna fue aceptada.
Seguidamente en 1960, la CIA organizó junto a la Iglesia Católica la execrable Operación Peter Pan, mediante la cual engañaron a los padres de 14.048 niños que enviaron a sus hijos para Estados Unidos sin acompañantes, supuestamente para que no fueran mandados por la Revolución a la URSS, con el fin de “lavarles el cerebro”.
Paralelamente, en diciembre del año 1960 el gobierno del presidente Dwight Eisenhower inauguró el Centro de emergencia de Refugiados cubanos en Miami, dando inicio a la categoría de refugiados a quienes arribaban a los Estados Unidos, sin importarles sus antecedentes penales.
Tras la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba el 3 de enero de 1961, Estados Unidos suspendió la entrega de visas a los cubanos para entrar directamente desde Cuba y se inicia la salida a través de terceros países. Después del rotundo fracaso de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril de 1961, a los cubanos que arribaron a Estados Unidos desde otros países con visas de no migrantes, el Servicio de Inmigración y Naturalización les otorgó el estatus especial de Bajo Palabra (Parole), al no cumplir con las regulaciones establecidas.
Los cubanos que deseaban salir de la Isla fueron eximidos de visa estadounidense, aprobándose el empleo de visas Waiver (volante) pues “huían del comunismo”, al tiempo que prohibieron los vuelos entre ambas naciones. Esa decisión fue tomada el 17 de enero de 1961 de común acuerdo entre el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia, y estimuló considerablemente el número de inmigrantes ilegales, con el apoyo de emisoras radiales que transmitían programas especiales hacia Cuba.
Días después, el presidente John F. Kennedy, aprobó el Programa de Refugiados Cubanos (Cuban Refugee Program), destinado a facilitar la integración de los exiliados. El presupuesto inicial del Programa fue de 4 millones de dólares en 1961, de 38 millones de dólares en 1962, hasta alcanzar la cifra de 144 millones de dólares en 1972. El mismo duró 15 años y le costó al Tesoro estadounidense la suma de 727 millones de dólares.
Esa manipulación migratoria con fines subversivos se mantuvo durante más de medio siglo, fue utilizada a plenitud por la CIA para crear múltiples organizaciones contrarrevolucionaria dentro y fuera de Cuba, las que ejecutaron centenares de acciones terroristas en ambos países con total impunidad, a pesar de los muertos y heridos que causaron.
Desde el 1ro de enero de 1959 hasta 1965, existían 258 mil 317 cubanos en Estados Unidos, muchos de ellos entraron de forma ilegal y no tenían un estatus legal, lo que obligó al presidente Lyndon B. Johnson, a aprobar el 2 de noviembre de 1966 la Ley Pública 89-732, conocida como “Ley de Ajuste Cubano”.
Esa ley privilegió a los cubanos para cambiar su estatus jurídico de de Parole a “refugiados políticos” y por tanto beneficiados automáticamente a la obtención del permiso de trabajo y la posibilidad de solicitar la residencia permanente a los 366 días de haber ingresado a ese país, sin otras formalidades particulares.
Congresistas de origen cubano desplegaron fuertes campañas y el 30 de septiembre del 1996, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley pública 104-208, conocida como “Acta de Reforma a la Inmigración Ilegal y la Responsabilidad del Inmigrante Ilegal”, la cual condiciona la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano, solamente por la determinación del Presidente de Estados Unidos, bajo lo establecido en la Sección 203 (c) (3) del Acta de la Libertad y Solidaridad Cubana de 1996, Ley pública 104-114, conocida como Ley Helms-Burton, cuando ostente el poder en Cuba un “gobierno elegido democráticamente”.
Bajo el primer mandato del presidente Donald Trump, se cerró el consulado de Estados Unidos en La Habana y se le impusieron a Cuba casi 300 medidas más para ahogar su economía, con el sueño de provocar un desplome total y el lanzamiento del pueblo a las calles, algo que no se logró pero que tuvo un efecto bumerang, al incrementar las entradas ilegales de cientos de miles de cubanos en Estados Unidos.
El presidente Joe Biden, ante las oleadas de emigrantes ilegales producto de la crisis económica que vive la Isla, por el recrudecimiento de las medidas de guerra económica, comercial y financiera impuestas por todas las administraciones yanquis, aprobó un Parole Humanitario por dos años, con el fin darle la posibilidad a esa masa de emigrantes de incorporarse a aquella sociedad, con el uso de la Ley de Ajuste Cubano a los 366 días de permanecer en Estados Unidos.
Ahora después de 67 años de estimular permanente las salidas ilegales de Cuba y la manipulación migratoria con el objetivo de hacerle creer a todos que los cubanos huyen del comunismo, Donald Trump decidió cambiarlo todo y expulsar a quienes arribaron a Estados Unidos ilegalmente e incluso con la derogación del Parole Humanitario.
Parece que ya no es útil a la política estadounidense la emigración cubana. Los políticos que han vivido de ella, incluso le deben su carrera y fortuna acumulada a esa política subversiva, ahora se arrodillan ante el dictador Trump, que hace y deshace a su antojo sin tomar en cuenta las opiniones del Congreso.
Quienes se les siguieron el juego sucio a los yanquis, seducidos y encandilados por vivir el sueño americano, ahora se ven abandonados por los mismo que durante 67 años le hicieron creer lo contrario, a la vez que recrudecían las acciones de guerra económica para sembrar el desencanto y el desaliento en todos los cubanos que lograron una carrera técnica o profesional, sin pagar un solo centavo gracias a los esfuerzos de la Revolución.
No en vano afirmó José Martí:
“En noche de agitado sueño danzan por el cerebro infames fantasmas”.
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