Wilkie Delgado Correa.- Si te digo que no hay nada más triste que una revolución traicionada, también te digo que no hay nada más feliz que la libertad y la justicia recuperadas. Te digo más, hombres pueden haber traidores, pero no pueblos.


Hoy Ecuador vive una situación de estallido popular provocada por  las medidas neoliberales del gobierno de Gorbachov Moreno (¿Lenin?), que después de traicionar abiertamente a la Revolución Ciudadana, fue entregando al país a la burguesía conservadora, otrora representada por supuestos opositores electorales, y poco a poco o rápidamente se abrazó externamente con el FMI y con el gobierno de Estados Unidos.

Pero antes, ¡qué rápidamente!, había traicionado al Rafael Correa, líder del movimiento revolucionario, y a sus principales dirigentes. Para explicar tales cambios tan rápidos y profundos, se pueden pensar en dos cosas posibles: o lo compraron bien durante su estancia en el extranjero, o simplemente era un traidor infiltrado, que siempre calló su militancia conservadora y se aprovechó del movimiento Alianza País para “invernar” hasta que le llegara el momento. ¡Y su momento llegó!

Si es cierto que “por sus obras, los conoceréis”, cabe decir que a estas horas las cosas están bien claras.

En primer lugar, se apropió del liderazgo del movimiento fundado por Correa en Ecuador y que lo condujo a la presidencia mediante su respaldo, e inmediatamente inició la cacería contra sus principales e incorruptibles dirigentes.

Es conocido que alcanzó cierta fama por dirigir, dada su condición, y atender como Vicepresidente el programa denominado Manuela Espejo, un estudio genético y de atención a la población con minusvalía. Si se revisan las entrevistas de la época, podrá constatarse que intentaba apropiarse del mismo. No recalcaba que tal programa fue posible porque Rafael Correa decidió impulsarlo con la ayuda de Cuba y de Fidel, gestor e impulsor del mismo, y de Venezuela, segundo país en llevarlo a cabo.

Y es importante subrayar que la concreción de dicho programa fue posible porque se asumió por los países integrantes del ALBA-TCP como un plan de desarrollo y justicia social de esa comunidad de países. Y en Ecuador, Correa le encomendó a Moreno la atención a este programa de enorme repercusión social.

Sin embargo, qué hizo, pronto y prontito, el traidor Gorbachov Moreno, pues en poco tiempo retiró a su país de la Alianza. Y enseguida enfiló sus cañones ideológicos contra el proceso integracionista continental de la UNASUR.

La traición ecuatoriana interna se proyectó en su dimensión mayor contra el sueño nuestroamericano de unidad latinoamericana.

Muchas otras cuestiones pueden analizarse, pero existe una de mayor trascendencia: la fragmentación de la unidad interna de un movimiento que escribió una historia trascendente durante dos periodos presidenciales, con éxitos innegables en todos los campos, a pesar de la guerra que libraron contra el proceso las fuerzas conservadoras y la prensa vocera y defensora de las mismas. 

Ahora mismo, el demócrata Gorbachov Moreno, exhibe su mano dura y ha decretado el estado de excepción en todo el país, tratando de acallar y apaciguar las manifestaciones de un pueblo levantisco como pocos, que pudiera hacerlo saltar de su silla presidencial, como ya hizo con otros mandatarios ejecutores de políticas antinacionales y antipopulares.

Pero esta mala hora que hoy vive Ecuador, tal vez sirva para que aquellos que anteriormente no habían percibido la traición, ahora la vean tan presente como el pasaje bíblico que describe a aquel personaje que por “30 dineros” vendió a Jesús, a pesar de ser uno de sus doce discípulos.

Si te digo que no hay nada más triste que una revolución traicionada, parodiando a un ilustre trovador, también te digo que no hay nada más feliz que la libertad y la justicia recuperadas. Te digo más, hombres pueden haber traidores, pero no pueblos.

 

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