Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Trabaja en el parque que hace esquina con las calles O y 25, en el Vedado, La Habana. Cada mañana Rafael lo limpia, escoba en mano. Todos los días debe recoger colillas de cigarillos, canecas de refrescos y cervezas, botellas vacías de ron y pedazos de papel de todo tipo.

Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Era el 19 de diciembre de 1989. Luego de cenar, la pareja se había dedicado a construir el pesebre. Habían colocado casi todo: la Virgen María, San José, los pastores, la vaca, el asno y una buena cantidad de figuritas plásticas. Ella había tenido que explicar veinte veces a Jorge, el menor de cuatro años, por qué se debía esperar hasta el 25 de diciembre para poner al niño Jesús: ese día nacía.

Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Quizás por tenerla en su apellido fueron más las lunas que los soles que le dieron compañía en su vida. Rosa Luna bailaba, especialmente en las noches.

Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Nació en Elda, Alicante, un 14 de noviembre de 1936. Su padre no estuvo para el nacimiento pues había marchado a Madrid para luchar contra las fuerzas de Francisco Franco. Triunfaron los franquistas y la familia tuvo que reunirse en la capital porque la pobreza, que ya convivía con ellos, arreció contra el hogar.

Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Es muy reconocido el don de mando que posee. Por algo la llaman la “Dama de hierro”. En un encuentro con periodistas, al hacerle mención de su “temperamento explosivo”, dijo sin rodeos: “Estoy en un gobierno, en un país en el que ningún hombre asume sus posiciones.”

Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- No hubiera tenido necesidad de sublevarse. Nació en 1750, un día de agosto, en una pequeña comunidad del actual departamento boliviano de La Paz. Con sus padres recorrió aldeas y pueblos vendiendo tejidos de lana, aunque en minas y campos tuvieron la mayor clientela: los indígenas necesitados de la sagrada hoja de coca para mitigar la fatiga y el hambre. Poca ganancia les quedaba al tener que pagar alto tributo, en particular a los curas por la hoja.


Por Hernando Calvo Ospina*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Lo hizo salir huyendo del país la única dictadura oficial que tuvo Colombia en el siglo pasado, la del general Gustavo Rojas Pinilla. Fue en 1955. Trabajaba en el diario bogotano El Espectador. La culpa fue de “Relato de un naufrago”, una simple noticia convertida en una vigorosa y extensa narración, redactada a partir del dialogo con un joven marinero de la Armada Nacional. Durante 14 entregas narró los pormenores del hombre que pasó varios días en el mar. Y a la dictadura no le gustó la controversia pública que se armó, pues el buque iba atiborrado de contrabando. Para protegerlo, las directivas del diario le propusieron irse a Europa como corresponsal.

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La Columna