Un programa de la TV Cubana, La pupila asombrada, habla sobre Carlos Marx y por qué molesta tanto al capitalismo.


Resurrección

Marx, todos los días, redescubre a Marx. Nosotros, en nuestro empeño de seguir adelante, solo somos sus reencarnaciones, en estas ideas, en este tiempo, en esta Isla

Ernesto Estévez Rams - Granma

A Carlos Marx lo han enterrado tantas veces que el acto de resucitación amenaza con volverse cotidiano. Hay varias maneras de regresar, una de ellas es como recuerdo de algo superado por el tiempo y, en ese sentido, visto como el albañil jefe que construyó un escalón de un desarrollo que ha continuado. En determinado sentido, una parte de la obra de Marx es eso. Así es como lo describe el otrora muy influyente y para nada comunista Jacques Attali, «él fue el primero en aprehender el mundo en su conjunto, que es, a la vez, político, científico y filosófico». En ese sentido, él es, como dijera el historiador comunista Eric Hosbawm, «el reconocido padre fundador del pensamiento moderno sobre la sociedad».

También hay un regreso que  implica una mayor persistencia práctica. Marx pretendió una manera racional distinta de ver ese mundo en su conjunto, y para ello, creó tantas herramientas de análisis para revaluar, no solo el legado del pensamiento filosófico, económico y humanista hasta sus días, sino de los días por venir. Tal es así que el premio Nobel de Economía, y para nada comunista, Sir John Hicks, admitió que «la mayoría de aquellos que desean establecer un curso general de historia utilizarían las categorías marxistas o una versión modificada de ellas, puesto que hay pocas ­versiones alternativas disponibles». Marx está en ese parnaso poco poblado junto a Newton, Darwin y Einstein, quienes han sido tan descomunales como para crear talleres imperecederamente útiles al accionar intelectual humano.

Pero hay un tercer regreso que los integra a todos y es una verdadera resurrección heroica. Aquella que parte de su máxima –y tomo la traducción de un amigo admirado–: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata, también, es de transformarlo». Marxistas no son los que creen, petulantemente, que entienden el mundo a partir de sus lecturas, sino todos los empeñados en intentar entenderlo en el proceso de transformarlo hacia algo mejor para las mayorías.

En esa dimensión tremenda, Marx nació con Prometeo y en la roca enfrentó al águila devoradora; estuvo junto a Espartaco en el estrecho de Mesina;  acompañó a Wat Tyler en la gran rebelión de los desposeídos; aconsejó a Lenin en días que estremecieron al mundo; fue condenado a muerte junto a Sacco y Vanzetti; bajó la escalinata con Mella; organizó una huelga con Villena; resultó asesinado por la espalda en Manzanillo, para volver ahí mismo con el General de las Cañas; asaltó el Moncada y desembarcó en Las Coloradas; tomó Santa Clara y entró un 8 de enero a La Habana.

Marx, todos los días, redescubre a Marx. Nosotros, en nuestro empeño de seguir adelante, solo somos sus reencarnaciones, en estas ideas, en este tiempo, en esta Isla.

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