Catalina de Erauso - El Hurón.- Ya nadie cree a Inda cuando intenta ganar un debate esgrimiendo las calamidades de Venezuela. Pero, Venezuela es un comodín al que recurren muchos periodistas cuando han gastado los escasos argumentos que guardaban en sus maltrechas faltriqueras. 


Y desde hace algún tiempo se les van uniendo políticos de uno y otro color en España. Y no se sabe por qué sienten tanta misericordia por los pobres de Venezuela cuando en España y en los EEUU hay millones de personas sin techo y los desahucios que se ejecutan se cuentan por centenares cada semana. Precisamente los periodistas españoles y estadounidenses parecen olvidar que hay muchos miles de personas que pasan hambre en sus respectivos países. Los EEUU baten el récord de gente que tiene varios empleos porque con un empleo no llega para pagar el alquiler. La mayoría de los ciudadanos de los EEUU vive para trabajar. Y muchos trabajan siete días a la semana para poder sobrevivir. No llega para más. No hace poco me contaban que el hijo de una conocida podía ir a comer a un comedor social en Nueva York porque con su sueldo no les llegaba para comer a él, a su pareja y a su hijo pequeño. Pero ese señor es un privilegiado. No todos pueden ir diariamente a un comedor social que practica la solidaridad. Además, hay decenas de países en África o Asia que sí padecen hambrunas y violaciones de DDHH flagrantes, criminalidad desbocada y pobreza endémica y ninguno de estos periodistas se refiere a ello. Por lo tanto, ¿por qué tanto unos como otros recurren a ese comodín? ¿No será tal vez que quienes emplean ese argumento esperan recibir recompensa si se derroca al régimen de Nicolás Maduro y de ahí su empeño en atacar con un relato falso o exagerado a Venezuela? ¿O tal vez reciban ya dinero para divulgar bulos? Recordemos que un relato mil veces repetido, aunque no sea cierto, afecta a quien se ataca porque se tiene que defender de esos ataques desmintiendo las barbaridades que una tropa de descerebrados dispara al unísono.

Teniendo en cuenta todo lo que nos ha contado el sr. Otxotorena en la entrevista que se enlaza abajo y otros muchos datos que no hay espacio de analizar en detalle, si más del 30% de la población disfruta de vivienda, electricidad gas y agua gratis, y adicionalmente, reciben bolsas de comida cada cierto tiempo además de electrodomésticos, si la educación, el transporte y la sanidad son públicas y gratuitas y la comida es barata, de forma que no hay hambrunas en Venezuela, ¿por qué ninguno de esos medios menciona estos datos tan extraordinarios? ¿Por qué nunca se habla de la clase alta que vive en la opulencia con estándares de vida mejores que los millonarios europeos? ¿Por qué a nadie se le ocurre preguntar que la sra. Tintori, perteneciente a la clase alta de Venezuela, hace un vídeo pidiendo la intervención en Venezuela por la hambruna cuando ella no pasa ninguna necesidad? Algunos medios le prestan el altavoz como Amat Yamid para decir que en Venezuela hay hambre, no hay medicinas, cada 20 minutos matan a una persona (serían 26.000 personas al año). Eran unos 17.000 homicidios en el año 2017, pero dando ese dato desnudo que es terrible, y no añadiendo por ejemplo que hay el mismo número de asesinatos en los EEUU o 25.000 en México y más de 64.000 en Brasil. Con ese dato desnudo se insinúa, que Venezuela es la madre del crimen y una nación sin ley. Se insinúa que Maduro es culpable o incitador del mismo y es deber de la comunidad internacional ayudar a Venezuela. Lo cierto es que Venezuela está rodeada de países con un alto grado de criminalidad, desde la más alta a nivel mundial que es Brasil, pasando por México y EEUU. De hecho, muchas fuentes disponibles en internet hacen hincapié en este dato y colocan a Venezuela como país más violento a escala mundial. Incluso Amnesty International se une a este dato y cita las cifras de 2016 con 21.000 asesinatos, la cifra más alta a nivel histórico y denuncia una tasa de criminalidad de 89 homicidios por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, Luis Britto García afirma en un artículo de octubre de 2016 que las tasas de homicidios que circulan provienen de estadísticas de 2009 donde 21.132 homicidios produjeron 19.113 víctimas. Esas estadísticas no reflejan los datos reales sino “la opinión de un grupo de entrevistados por el Instituto Nacional de Estadísticas en la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Ciudadana 2009”. E insiste que “estas cifras han sido manejadas por la oposición y por ONGs financiadas desde el exterior hasta incitar el pánico nacional y el descrédito internacional”. Según este mismo autor, los homicidios de 2009 ascienden a 9595 según los datos publicados por El Ministerio del Poder Popular. Aún y todo, las tasas de homicidio son muy altas en Venezuela, pero son equiparables a las tasas de homicidios de países colindantes con Venezuela y ni de lejos alcanzan las cotas que manejan tanto opositores al régimen venezolano ni ONGs. Es un hecho.

Venezuela tiene sus contradicciones y problemas estructurales tal y como afirma Otxotorena en numerosas ocasiones. Pero, ¿hambre? Seguramente que la sra. Tintori no, ni sus familiares ni amigos la han conocido nunca. Si hay tantísimos millonarios en Venezuela, ¿por qué achaca la sra Tintori la pobreza a Maduro o Chávez y no a esos miles de millonarios, propietarios de palacetes, yates y aviones privados? Siendo ella tan adinerada, ¿por qué no ayuda ella misma a los pobres ofreciéndoles trabajo digno con salarios dignos para que puedan vivir de forma digna? Lo que nadie pregunta en la prensa internacional es si los ricos están abandonando Venezuela por ser tan peligrosa o por otros motivos. Lean hasta el final de este artículo y verán.

¿Son, tal vez, las personas que hacen vídeos destacando las calamidades de Venezuela comisionadas por alguien o esperan alguna dádiva si hacen caer al régimen de Maduro? No parece nada descabellado. Si dos empresas públicas venezolanas han caído y están ahora en manos de ciudadanos venezolanos como Guaidó y están siendo desmanteladas, ¿qué se podría esperar si los EEUU o Europa asumiesen el papel de vigilante de Venezuela? ¿Se podría impedir que estos entes privatizasen el suministro de agua, vendiesen la red de ferrocarriles, vendiesen los millones de vivienda pública, desvalijasen la sanidad o se hiciesen con la educación pública? Se llama privatizar, aunque, en realidad, se trata del saqueo de lo público para dárselo a los miembros de una red mafiosa. Todos estos logros, en especial la sanidad, se han financiado de los ingresos que devengaban las empresas públicas como CITGO, arrebatadas mediante la injerencia yanqui. Recordemos qué pasó con la privatización de 3000 viviendas públicas en Madrid de Ana Botella, consorte de José María Aznar. Creo recordar que su hijo se quedó con parte del negocio. Pues en Venezuela pasaría lo mismo. Por eso hay tantísimos políticos españoles con y sin puertas giratorias que salivan cuando miran a ese rico bombón con guindas.

¿Se imagina alguien qué supone en términos de valor de mercado todo el patrimonio público además de la riqueza minera del subsuelo venezolano?  Quienes hacen vídeos en internet implorando la intervención de los EEUU son solo las marionetas de quienes quieren desvalijar el subsuelo y el patrimonio público de Venezuela. Y, a cambio de eso, alguien les ingresará millones de dólares en una cuenta fuera de Venezuela. A quienes hacen esos vídeos no les preocupa el bienestar de la gente humilde de Venezuela. Son cómplices de aquellos que desvalijarían Venezuela en pocos años. Son unos vendepatrias y bien está que se les encarcele. Y los parias que han asumido ese discurso y lo divulgan en redes sociales, no se dan cuenta que son marionetas a las que no les llegará ninguna migaja. Miren la conversación que mantuve con un tuitero.

Curiosamente por casualidad, nos enteramos que el padre de Guaidó ha comprado una flota de taxis en Tenerife. ¿De dónde sacó el dinero? Las plumas críticas de la prensa española con Venezuela no se han hecho eco de este asunto. Los medios de comunicación y los vigilantes de la democracia suelen informar de forma distinta sobre Venezuela y sobre otros países, especialmente cuando quieren derrocar a alguien incómodo. Human Rights Watch hace un extensísimo informe sobre Venezuela para 2018. Dedica subapartados a la persecución de opositores políticos, represión de protestas, ejecuciones extrajudiciales, impunidad por abusos policiales, crisis humanitaria, independencia judicial, libertad de expresión, discriminación política y centros de detención. Sobre España el informe es mucho más escueto y trata los problemas de la inmigración ilegal, habla de las protestas por la sentencia de La Manada, dice que en el momento de la redacción del informe ningún policía había sido condenado por el uso excesivo de la violencia por el referéndum del 1 de octubre y sí hace mención a las sentencias a raperos. Ni una sola mención a la ley mordaza, a la reforma laboral, a las manifestaciones semanales de pensionistas en Bilbao, a la brutalidad policial en Cataluña, a la independencia judicial, a los casos de corrupción que se cierran en falso a las amenazas de cierre de televisiones públicas ni a la amenaza de la extrema derecha de VOX, partido fundado a finales de 2013.

Por tanto, a la hora de evaluar datos e interpretaciones de los mismos, conviene hacer un análisis exhaustivo. No por ser una institución con financiación pública, tiene su análisis garantía de ser objetivo. Ni por ser una afirmación de un tuitero que dice vivir en Venezuela, tiene que ser todo verdad lo que nos cuenta. Miren, si no, a los comentarios de este tuitero que me bloqueó cuando se dio cuenta que yo le estaba tirando de la lengua. Miren a quién sigue y qué retuitea y sabrán que sus datos son, cuando menos, cuestionables. Como dice Arancha Tirado, si, por lo menos, atacasen a Venezuela por los problemas que tiene, se podría establecer un debate. Pero las mentiras sobre Venezuela son tan burdas que no hay ni que rebatirlas.

Agustín Otxotorena, residente en Venezuela, habla de vivienda, sanidad, educación, salarios y precios de la cesta de la compra en la entrevista enlazada.

El año pasado, el Gobierno de España concedió privilegios a residentes venezolanos en España aun cuando sus pasaportes estuviesen caducados. ¡Qué casualidad!

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