Aline Pérez Neri - Cubainformación.- Tergiversar la historia, arrebatarnos nuestra identidad, minimizar nuestras luchas, borrar el ejemplo de nuestros héroes, es la guerra cultural a la que nos enfrentamos. El enemigo de los pueblos se ha empeñado en que los pueblos nos sintamos huérfanos, entes sin rumbo incapaces de construir su futuro.


¿Cómo comenzó la guerra cultural contra los pueblos de Nuestra América? ¿Se mantiene? De eso se trata esta nueva entrega de Raúl Capote Fernández, Agente Daniel de la Seguridad del Estado cubano y Jefe de la Redacción de Internacionales del Periódico Granma, desde su página de Facebook Las memorias de Daniel.

La guerra espléndida del imperio. Por Raúl Capote Fernández.

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El imperio que desde que nació ha tenido la intención de apoderarse de Cuba, en la llamada Guerra Espléndida donde le ganaron al decadente imperio español, se vio beneficiado con la apropiación de Cuba, Puerto Rico, Filipinas. Fue el inicio del imperio estadounidense con toda su fuerza, como decía Martí, comenzaron a caer con su fuerza sobre nuestras tierras de América.

Parte de la política de los enemigos de la Revolución Cubana, tratando de demeritar la labor de los combatientes revolucionarios a lo largo de la República burguesa, ha sido tratar de destruir los cimientos fundamentales sobre los que se basa la nación cubana.

Una de las frases que se repite con mayor fuerza para manipular la historia es, al hablar de la guerra de independencia de Cuba, que había más cubanos peleando del lado de España que por la independencia de Cuba. Si bien es cierto que en esa época hubo cubanos voluntarios, guerrilleros que cometieron crímenes terribles al servicio de España, oficiales de origen cubano combatiendo en el Ejército español, es importante tener en cuenta que en ese tiempo Cuba era una colonia española, la población que vivía en las colonias eran considerados españoles, y no existía aún el concepto de Cubano que se tiene actualmente.

Los patriotas cubanos, entre los que destacaron Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte, conocían el poderío del Ejército español, había combatido y resistido a Napoleón, y en su momento tuvo la infantería más poderosa. Y aun así se levantaron contra él prácticamente sin armamento, con el objetivo de crear una república, hacerse país, en medio de la guerra.

La primera guerra cultural del mundo moderno se llevó a cabo contra Puerto Ruco, Filipinas y de manera especial contra Cuba, en 1897. Era necesario crear un clima apropiado en Estados Unidos para apoyar una posible guerra contra España y allanar el camino de la ocupación militar y la anexión de posesiones españolas en el Caribe y el Pacífico.

Con ese propósito, en 1897, Theodore Roosevelt, Henry Cabot Lodge, Alfred T. Mahan, John Hay, Whitelaw Reid, Albert Beveridge, Nicholas Murray Butler y Josiah Strong, voceros e ideólogos ilustrados del Partido de la Guerra, se reunieron varias veces en la Universidad de Columbia con representantes de la prensa.

Los encuentros fueron organizados y dirigidos por Henry Brooks Adams, doctrinario activo del darwinismo social, nieto del ideólogo de la fruta madura. Ese grupo fue bautizado por John Hay como “la pandilla simpática”. Su pensamiento era una rara mezcla de fundamentalismo y ciencia; de romanticismo y pragmatismo, de idealismo y cálculo capitalista; de discurso democrático, deseos de construir una aristocracia del dinero y de adhesión a la causa de la superioridad racial.

Para lograr la construcción del ícono de la Gran Madre América, generosa protectora de pueblos inferiores y escarnecer al decadente Imperio español, la “pandilla simpática” convocó, entre otros, a los directores del Minneapolis Journal, Denver Times, Chicago Tribune, Minneapolis Tribune, New York Journal y New York World.

William Randolph Hearst, magnate de la prensa estadounidense, envió a Cuba a su mejor dibujante, Frederic Remington y a uno de sus mejores periodistas, Richard Harding Davis, para preparar a la opinión pública estadounidense ante la futura intervención y posterior ocupación de la Isla.

Joseph Pulitzer, conocido por su competencia con Hearst, sus crónicas amarillas y los premios periodísticos que llevan su nombre, confesó que su intención, al contribuir con la guerra, era aumentar la venta y circulación de sus diarios.

La competencia que  se  vivió  entre el Journal y el  World fue dura, llegándose a publicar hasta 40 ediciones  diferentes  de  ambos  periódicos  en  un  mismo  día. Hearst trasladó todo su diario a Cuba para trabajar desde la isla junto a un auténtico batallón de reporteros.

La manipulación, la mentira, la falta de rigor, la tendenciosidad, estuvieron presentes todo el tiempo en los reportajes que llegaban desde la “zona de guerra”, léase hoteles y bares de las grandes ciudades.

Francis H. Nichols publicaba el 29 de julio de 1899 un artículo titulado Cuban Character, donde pretendía denigrar a los cubanos: “Han sustituido la adoración a Dios, por el amor a una cosa abstracta a la que ellos llaman patria, patria es el objeto de la adoración y el fanatismo de los cubanos. Puede decirse que es la única cosa en la que realmente creen. Políticamente los cubanos son como dementes lúcidos”.

Cualquier información favorable a los independentistas era anulada de inmediato. Cuatro palabras: vagos, vengativos, ladrones y cobardes, aparecían constantemente en los textos y eran representadas en caricaturas.

Se hicieron miles de caricaturas de guerra.

Siguiendo orientaciones de la “pandilla simpática”, periodistas pagados y agentes de los Pickerton, enviaban abundante información a Estados Unidos, lo que permitía a los chicos simpáticos elaborar informes al gobierno sobre el “modo de pensar” de los habitantes de la Isla, que servían de base a la prensa para escribir sobre la “realidad” en Cuba.

Las crónicas de viaje, caricaturas, historias que trataban de presentar la imagen de pueblos inferiores, incivilizados, circulaban y abarrotaban los periódicos. Por otro lado, la imagen del país del Norte como nación benefactora por derecho y designio divino, encargada de proteger a los “pueblos inmaduros”, se hizo recurrente en los principales diarios de la época.

Conocemos en qué terminó la ayuda «fraternal» de Estados Unidos en Filipinas, no solo aplastaron en el campo militar a los nacionalistas que resistieron la intervención, los filipinos fueron “reeducados” –al decir de los ocupantes– política y lingüísticamente.

La Conferencia de París de diciembre de 1898 se realizó a espaldas de los independentistas. España abandonó sus «demandas» sobre Cuba, mientras que Filipinas, Guam y Puerto Rico fueron oficialmente cedidas a Estados Unidos. Se les arrebataba así la independencia por la que habían peleado durante largos años.

Estados Unidos, a través del poder militar y económico, el control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación, consolidó el dominio de los nuevos territorios.

John Hay escribió a Theodore Roosevelt que habían librado contra España “una espléndida guerra”.  Por su parte, sobre las consecuencias internas de la guerra, Mark Twain declaró: «no se puede tener un imperio afuera y una república en casa».

La experiencia adquirida en la “guerra espléndida” fue aplicada con creces y perfeccionada durante la Primera Guerra Mundial contra el “ogro alemán”, convirtiéndose en una herramienta eficaz de “ablandamiento” el hecho de que antes de los acorazados, llegaran los símbolos y cuando terminan su tarea los íconos –los elementos de la guerra cultural del imperio– o cuando fallen, entonces vendrían los bombarderos o los misiles en la actualidad

Nada más semejante a la guerra de estos tiempos, pensemos solamente qué ocurre contra Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Cuba, y contra cada uno de los gobiernos de la región que han seguido una línea progresista.

La verdad es que entonces no lograron anexarse a Cuba, ni a Puerto Rico ni a Filipinas. Ningún recurso logró “americanizar” a esos pueblos al punto de anularlos y extinguir su identidad, ni siquiera contra Puerto Rico, que ha tenido que enfrentar todos los recursos inimaginables; la isla hermana no es libre, pero lo será algún día.

Al final, lo espléndido de esta guerra es la resistencia, la fortaleza de nuestra cultura, el amor a nuestras tierras y la libertad que nos une.

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