Javier Gómez Sánchez - Cubadebate.- Ernesto Estévez Rams (La Habana,1967) es profesor  titular de la Universidad de la Habana, miembro de la Academia de Ciencias de Cuba y articulista sobre temas científicos, políticos, filosóficos y sociales. Esta es parte de la entrevista que se le realizara para el documental La Dictadura del Algoritmo, y que ha sido incluida en el libro digital La Dictadura del Algoritmo: Entrevistas y artículos sobre redes sociales y guerra mediática en Cuba (Ocean Sur, 2021) disponible para su descarga gratuita.


Ante el arribo masivo de la población cubana a las redes sociales digitales. ¿Cómo se va estructurando la conquista de la subjetividad de esa nueva masa de usuarios políticamente significativos?

Cuba está inmersa en una guerra de tipo ideológica, y cuando digo ideológica quiero decir en una guerra de ideas, no de ahora, ni a partir del uso de las redes sociales digitales, sino desde hace 60 años.  Incluso desde antes, cuando nuestro país, entonces neocolonia, resultó ser un campo de experimentación ideológica del imperialismo estadounidese. Fuimos uno de los primeros países latinoamericanos donde penetran la radio, la televisión, los cómics. Uno de los primeros países de la región donde la publicidad televisiva se utilizó y se hicieron experimentos para medir su efectividad.

Esto permitió probar las maneras de introducir determinadas ideas en la población, influir sobre una masa importante de ella con determinados mensajes y que estos pasaran a ser, de manera “natural”, parte del sentido común de esa población integrándose a sus referentes.

Por lo tanto, este no es un fenómeno nuevo, viene de hace muchos años. Lo que ha ido cambiando son los escenarios y los medios, en la medida en que la tecnología ha ido avanzando, y cuando digo tecnología no solo me refiero al equipamiento, sino a técnicas de la psicología, la sociología, la antropología. En la medida en que estas se han ido desarrollando, en esa misma medida ha ido cambiando la manera de hacer ese discurso con el mismo objetivo de producir un estado de cosas deseado.

Pero es un fenómeno que se exacerba cuando triunfa la Revolución, y además cambia su naturaleza. Lo que era un mecanismo general de influencia ideológica, pasa a tener un objetivo muy concreto, que es el derrocamiento de un movimiento social y de una revolución estructural en un país de América Latina. Eso cambia por completo la manera en que se estaba enfocando el asunto y EE.UU comienza a ver por primera vez desde la primera intervención estadounidense, al Estado cubano como su enemigo.

El imperialismo estadounidese había sido un enemigo del pueblo como factor social, pero el Estado cubano había sido su cómplice, y a partir de entonces es su enemigo. Por lo tanto en su contra implementa todas sus herramientas, tanto de violencia física como de violencia simbólica.

En un momento dentro de ese escenario histórico ocurre otro cambio muy importante, que es cuando el socialismo soviético y su entorno - el socialismo que realmente existió, como lo llamó Eric Hobsbawm,- es derrotado. Eso implica un cambio importante porque muchos referentes que se tenían hasta ese momento se derrumban. Globalmente comienzan a expandirse mucho más en el entramado cultural y de las ciencias sociales todas las ideas heterogéneas que se habían ido agrupando durante años bajo un nombre genérico: el postmodernismo.

Porque estamos en una época a la que se le ponen muchos nombres y uno de ellos es la época postmoderna. Aquí se instrumentalizan muchas ideas por parte del capitalismo que se venían trabajando mayormente en los espacios académicos. Salen de esos espacios y las instrumentalizan como armas ideológicas en un contexto de euforia, donde habían ganado, y en el que por lo tanto, consideraban que había quedado clara la superioridad del capitalismo sobre el socialismo.

Entonces lo que se plantean es una ofensiva final contra lo que quedaba, los remanentes de lo que esos ideólogos del capitalismo veían como los últimos reductos de resistencia de ese enemigo que habían tenido durante muchos años.

Muy poco después llega la revolución de Internet, que  produce una herramienta que hasta ese momento no existe y que permite una socialización de la información sin parangón en la historia de la Humanidad. Entonces todo el discurso ideológico postmodernista, se adapta a la realidad naciente de Internet, y luego a la dinámica aparentemente global de las redes sociales.

Las redes sociales digitales, -me gusta puntualizar porque las redes sociales siempre han existido- dan la ilusión de ser globales, pero realmente no lo son, aunque agrupan a millones de personas que de otra manera no hubieran tenido comunicación entre ellas, ni se hubieran conocido y hace que vayan encontrando puntos de confluencia en aspectos comunes que hacen que esas personas se identifiquen en determinadas áreas, puede ser la moda, la música, la literatura, como puede ser la política.

Como es una herramienta difícil de impedir que llegue a las personas, porque censurar Internet es algo que evidentemente no tiene ningún sentido, esa vieja guerra ideológica pone entonces su peso fundamental en las redes.

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Tampoco uno no puede olvidar el hecho de que detrás de esto hay una maquinaria, que en el caso de Cuba está financiada, con objetivos muy concretos. A veces nosotros decimos: Estados Unidos en su presupuesto ha puesto una cantidad de dinero para la subversión en Cuba y ha creado una task force para el tema de las redes” Pero lo dejamos en abstracto. Bueno ¿y a dónde va ese dinero? ¿Qué se hace con él? Eso no nos lo dicen. Pero lo que está claro es que ese dinero no es para comprar pomos de agua. Ese dinero es para crear productos en particular, llegar a personas en particular.

La utilización de los algoritmos -aunque en más de una ocasión se ha revelado su uso político-, en el caso de otros países pudiera estar encaminado a un uso publicitario comercial, para vender una camiseta de fútbol o un viaje en un crucero, ¿En el caso de los cubanos qué nos venderían?

¿Qué es lo que nos venden a nosotros? Nos venden la derrota de nuestro sistema social. Lo que nos quieren vender es que nuestro sistema social es inoperante, que nuestro Estado es inoperante, y que los objetivos de la Revolución no tienen sentido. Por lo tanto, lo que quieren derrotar es la ilusión.

El derrumbe de un proyecto de nación que Cuba ha ido construyendo durante 60 años. Eso es lo que nos quieren vender. Y fíjate, tú hablabas del tema de que en otro lugar lo que venden es determinado producto comercial. Parte de ese mensaje ideológico también pasa por ahí.

Nos venden comercialmente determinados símbolos, como de éxito, de prosperidad. Nos venden que el objetivo en la vida se reduce a esas cosas sobre la base de la exacerbación del individualismo, del éxito personal como summun de las aspiraciones humanas. El mensaje de que toda ilusión social es peligrosa, toda aquella que no sea una ilusión individual.

La idea de que todas las narrativas y aspiraciones humanas que han sido sobre la base de aspiraciones grandes, sobre la base de valores sociales universales son peligrosas y además son fracasadas, no llevan a ningún lugar. Hay un elemento sobre el cual yo insisto siempre y es que el capitalismo como sistema dejó hace tiempo de venderse a si mismo.

Desde el 18 Brumario, Marx lo decía: El capitalismo dejó de vendernos que un mundo mejor es posible. Ahora nos está vendiendo la idea de que no hay mundo mejor que el que tenemos: el capitalista. Por lo tanto, se está empeñando en mostrarnos que toda alternativa es peor que lo que tenemos hoy.

El capitalismo ha logrado perfeccionar mucho sus herramientas de trabajo, ellos siempre están secuestrando las cosas que están ocurriendo en su entorno para quitarle el filo transformador y para convertirlo en un instrumento del sistema reproductor. Lo hicieron con las famosas primaveras árabes, que es algo que están tratando desesperadamente de reproducir en Cuba, tomando el ejemplo exitoso de lo que ocurrió en otros países, una especie de primavera que dé al traste con el Estado y la Revolución.

Nos quieren llevar el mensaje de que es posible una sociedad, que no es la nuestra, una sociedad a la que, por supuesto, ellos no le dicen capitalista, porque al capitalismo no le gusta mencionarse. Que es posible una sociedad en Cuba que tenga las prestaciones sociales que tiene nuestra sociedad, pero en un contexto que no sea socialista. Esa idea nos la venden constantemente. Es una ilusión. Es falso.

Eso no se ha logrado en ningún país de América Latina, en ningún país de África. Si fuera posible mantener los índices de educación, si es posible mantener los índices de salud , de nuestros servicios sociales, y le podemos hacer una lista más larga. Si es posible eso. ¿Por qué no lo han hecho en otros lugares? ¿Por qué no lo han hecho en… Honduras? Pero nos venden la idea de que sería posible en Cuba.

Eso nos lleva a una de las cosas más comunes hoy en día en esta guerra contra Cuba: la creación de los extremos. Nos quieren crear la idea de que hay dos extremos: Uno, el extremo de derecha recalcitrante que quisiera derrumbar esto de una manera burda y retrotraernos a una realidad semifeudal o algo por el estilo, y por lo tanto espanta a la gente; y el otro, un extremo de izquierda radical, que también es enemigo y que se toca con el otro extremo.

Y que por lo tanto la verdad está en el centro, el camino está en el centro. Es precisamente ese centro quien dice: “Pudiéramos coger lo bueno del socialismo cubano, combinarlo con los elementos de la democracia liberal burguesa y crear una sociedad ideal que tenga todo eso”.

El primer mentís a eso ya te lo dije: ¿Por qué no lo han hecho?  Ningún país lo ha hecho, cada vez que un país se ha propuesto algo como eso no ha tenido resultado. Los países capitalistas desarrollados que han logrado estándares de vida altos, lo han hecho en contextos que ya no existen y sobre la base de insertarse en sistemas mundiales de desigualdad. Ningún país capitalista desarrollado es ajeno como producto a la  explotación capitalista global sobre el mundo subdesarrollado.

Revisen los flujos financieros, hacia que bancos van los flujos financieros; revisen de donde son las empresas globales de  exportación de armas; revisen quienes son -aparte de los bancos estadounideses-  los acreedores de las deudas del Tercer Mundo; revisen de donde son algunas de las empresas más depredadoras actuando en África o en América Latina; revisen los miembros de la OTAN y los aliados de EE.UU en sus aventuras desde la caída de la Unión Soviética. Hay muchas sorpresas que encontrar allí, entre ellas varios países que gustan de presentarse como ajenos a explotación alguna y como paraísos de realización social.

¿El papel de los ¨líderes de opinión¨, de los ¨periodistas independientes¨, que se presentan como una supuesta alternatividad, sería entonces hacer de emisores y portavoces de estos mensajes ideológicos?

Hay una construcción mediática en Cuba de cosas que se ensayaron en otros lugares, por ejemplo, los líderes de opinión en las revoluciones de colores, líderes virtuales, que llamaban a determinada acción social y política en las redes, pero que no eran actores reales muchos de ellos. Muchas veces son liderazgos solo virtuales, porque ese líder de las redes, en la vida real y en el contexto cotidiano de lo que está sucediendo, esa persona no es un líder. Es un liderazgo falso construido en las redes.

¿Cómo yo construyo esa alternatividad? Una de las cosas curiosas de la alternatividad es que se construye en función de los opuestos, por eso necesitan los dos extremos. Necesitan construir su alternatividad en función de la construcción de enemigos, en primer lugar, para victimizarse: ¨Yo soy la víctima de los extremos”, en segundo lugar, porque necesitan esos extremos para poder colocar su discurso, si los extremos no existen, ese discurso queda completamente vacío.

Hoy en día se da un fenómeno que no había ocurrido antes de esta manera, que es inédito, y es naturalizar lo que hasta hace unos años en este país tenía un estigma tremendo: contrarrevolucionario. Cuando alguien recibía financiamiento del exterior para influir sobre Cuba, sobre la opinión pública, para hacer actividad contrarrevolucionaria, eso arrastra un estigma tremendo en este país.

Lo que intentan borrar ese estigma, presentar que ya no es importante que se reciba dinero de entidades privadas y públicas de los Estados Unidos, o de otros países -porque también han diversificado las fuentes, ya no viene el dinero directamente de los EEUU, viene de ONGs de países europeos o latinoamericanos, Y entonces ahora queremos naturalizarlo:  “Eso no es importante, eso no me ha quitado independencia” y uno lo escucha y se pregunta ¿De cuando a acá el que paga no manda? Pero tú ves como arman el discurso de que eso no les quita independencia: “Ellos nunca me dicen lo que tengo que decir”. Claro que no, porque no hace falta que se lo digan, ni necesitan forzarlos, sencillamente saben que si no siguen esa línea editorial no van a tener el financiamiento.

Hoy en día se dice con frecuencia “la sociedad cubana es muy diversa”. ¿Qué situaciones propias de esa diversidad han ayudado a la expansión de este tipo de guerra?

Nosotros en estas cosas tenemos que ser muy claros y honestos, por eso  tengo que decir  que muchos de estos fenómenos ocurren y se han desarrollado sobre la base de nuestros propios errores. Sobre la base de no darnos cuenta de que hay un contexto distinto, de que muchas veces no hemos trabajado de manera correcta para ganarnos y para mantener del lado de la Revolución a personas, a determinados colectivos y lo que hemos hecho es espantarlos por actitudes de personas que han sido incorrectas, que han sido sectarias, eso ha ocurrido y uno no le puede dar la espalda a eso.

Pero también dentro de toda este maremágnum de ideas hay una intencionalidad de hacer que discursos contestatarios que pueden ser muy revolucionarios, muy correctos en un momento determinado terminen siendo discursos que se pasen al enemigo y en esas batallas nosotros hemos perdido unas cuantas.

No las hemos perdido porque el enemigo ha sido más efectivo que nosotros -que lo ha sido-, la hemos perdido porque nosotros no hemos sabido enfrentar esas batallas. Entonces de manera gradual lo van pasando al enemigo y algo que surgió como una posible alternativa no canalizada a través de las organizaciones de masas u organizaciones políticas del país, que es válida una alternativa independiente a ellas -si la independencia la vamos a ver en ese sentido-, termina siendo algo que cae en las redes de otra oficialidad, de la oficialidad que te financia, que no es cubana, viene de otro lugar.

Así hay blogs y medios digitales, en los que el discurso se  van transformando poco a poco, a veces de manera muy calculada, que su proceso de transformación ha sido diseñado, van transformándose hasta llegar a determinada línea editorial, porque las personas que dirigen estos medios ya tienen un propósito claro de pasarse al enemigo.

Y la guerra de cuarta generación a veces la vemos como el enemigo, el enemigo, el enemigo. Mira, ese enemigo no puede meter cabeza si nosotros no lo dejamos, pero lo logra porque tenemos vulnerabilidades y cometemos errores. Los seguiremos cometiendo porque cometer errores es algo consustancial al hecho de actuar.  El error más grande es no hacer nada.

Tenemos errores en el funcionamiento de la sociedad, al enfrentar dinámicas sociales muy complejas. Esto ocurre en medio de la tensión en que todos vivimos en lo cotidiano, incluyendo las personas que tienen que tomar las decisiones. La inmensa mayoría de nuestros funcionarios, esos que son tan vilipendiados, están sometidas a los mismos niveles de estrés cotidiano a los que estamos sometidos nosotros.

Son personas que cuando salen del trabajo tienen que hacer las mismas colas, se enfrentan a los mismos problemas, se les va la electricidad como se le va a cualquiera, por tanto, muchos de estos errores son parte de que no hay dinámica social ideal y que las personas son seres individuales que llegan a un momento determinado de su vida con toda una mochila cultural detrás.

Nosotros hemos trabajado mal lo que se llama - a mi no me gusta la palabra, pero a falta de una mejor la repito- el trabajo político- ideológico. En primer lugar, porque mezclamos lo político y lo ideológico, para empezar en la misma frase lo estamos mezclando como si fueran la misma cosa y no lo son. En segundo lugar porque la codificamos, pensamos por ejemplo a nivel de educación formal, que el trabajo político-ideológico se tiene que trasladar y traducir en la cantidad de horas que damos en las universidades, en otros niveles de enseñanza de determinadas materias, como Historia, de Ciencias Sociales, etc. Pensamos que ese es un mecanismo de llegar con mensajes político-ideológicos.

Pero a mí me asombra muchas veces ver a estudiantes que han pasado una carrera y en ella han recibido decenas de horas de Marxismo, de Historia de Cuba, etc, después los ves en las redes repitiendo ingenuidades asombrosas y uno se pregunta: “¿Pero realmente pasaron los cursos?”. Sí, pasaron los cursos y los aprobaron, y uno se cuestiona: “¿Y dónde quedó eso?”, “¿Cuál es el resultado de esto que les hemos dado?”. Mira, el resultado parece que es mínimo.  Debemos darnos cuenta que hay dinámicas que es necesario adoptar en ese trabajo político-ideológico, que tenemos que trasladar nuestro mensaje de nuevas formas sin simplificarlo, sin hacerlo superficial. Nosotros no tenemos que ceder frente al enemigo, tenemos que crear nuestro propio discurso, a veces tú oyes decir: “A la juventud hoy en día tú les tienes que dar mensajes cortos”, pero eso es un sacrificio en función de lo que está imponiendo el discurso hegemónico.

¿Sería esa hegemonía de la simplificación el mayor reto intelectual y político ante las redes sociales?

El problema que nosotros hemos tenido es que no se aquilató lo suficiente la importancia de las redes. Pensamos que bastaba con los medios tradicionales que teníamos de llegar a la población y que esa hegemonía no la íbamos a perder.  Pero la hegemonía está en juego todos los días.

Lo bueno que tienen estas batallas es que hacen que nosotros nos activemos, las hegemonías se construyen todos los días, porque vamos a empezar por un hecho concreto: la mayor hegemonía que existe hoy es la hegemonía mundial del capitalismo, no nos engañemos, y pensar que Cuba puede sustraerse de esa hegemonía es una ilusión.

Nosotros lo que tenemos que construir es una contrahegemonía, porque a pesar de que ese discurso contrarrevolucionario nos quiere presentar que la hegemonía de las ideas en Cuba es la que está manejada por el Estado, como un elemento dictatorial y totalitario, esa no es la realidad.  La hegemonía totalitaria es la global capitalista. Nosotros estamos pagando de alguna manera las consecuencias de ser un peñón de resistencia en una hegemonía capitalista global y las consecuencias de que el socialismo que realmente existió se derrumbó, y que de pronto el equilibrio de la hegemonía de las ideas a nivel mundial ya no era el de las ideas socialistas. Ese es nuestro contexto. En el que la ofensiva a favor del capitalismo está asaltando nuestro peñón socialista con todo.

Entonces no podemos reproducir el discurso de “El mensaje tiene que ser breve o “A la juventud solo le interesa lo breve”, nosotros queremos que la juventud lea y que profundice. No hacer superficiales nuestras ideas tanto como sean superficiales las ideas contrarias.

Hay que recordar siempre la frase de Fidel: “No le decimos a las personas cree, le decimos lee” . El lee ese vamos a traducirlo en que le decimos a las personas que piensen, que profundicen, que su concepción del mundo parta de haber pensado.

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