Danielle Bleitrach-Traducido por Caty R. y revisado por Rocío Anguiano-Rebelión.- Siempre creemos que George Bush y Estados Unidos han tocado fondo; pensamos: ¡No puede ser peor…! Y siempre descubrimos que pueden alcanzar un grado más de absurdos e ignominias.

Veamos el decorado de los telediarios que nos bombardean con imágenes apocalípticas: California arrasada por el fuego, vientos huracanados, poblaciones que huyen… Y más allá, en Oriente Próximo, ya no es la naturaleza que arde, sino los cuerpos que explotan, estamos asediados por imágenes cotidianas de mujeres y niños desgarrados. Los ejércitos de G. W. Bush llevaron el Apocalipsis a Iraq y se están planteando extender el infierno a Irán.


Y entonces G. W. Bush pronuncia un discurso. El presidente responsable de cientos de atentados y asesinatos diarios de civiles y que en su propio país ve California devorada por el fuego, ese presidente desacreditado que vaga solitario, rechazado por su pueblo y a punto de dejar el poder, ¿en qué piensa? ¿De que hablará? ¿Qué mensaje va a dirigir a su pueblo? ¿Pedirá perdón?

No. G. W. Bush está ebrio de poder y odio, es el producto puro de un sistema senil y asesino cebado de dinero y poder, siempre ávido de rapiñar más y convencido de que tiene todos los derechos sobre la humanidad y el planeta. Los que se oponen a su voluntad de poder, de dinero, de acumulación, sólo son seres inferiores que merecen cualquier trato: el bloqueo, la tortura y la “liberación made in USA”

Preso en esa lógica demencial Bush sólo piensa en un pequeño mosquito que le desafía por el hecho de existir, una isla que no ha hecho daño a nadie, que envía a sus médicos hasta los confines del Himalaya para llevar su ayuda, que acoge y forma médicos incluso entre ciudadanos estadounidenses pobres y devuelve la vista a los ciegos. Un pequeño país que se ha convertido en símbolo de independencia y valentía. Un país que a pesar del terrible bloqueo que le hace sufrir Estados Unidos ha desarrollado tal capacidad de formación y creación que las naciones de la UNESCO acaban de elegirlo en su consejo ejecutivo de París. Un país que, a pesar de los órganos de la propaganda de Bush, ha sido reconocido como digno de representar los derechos humanos en la Comisión de la ONU, mientras que Estados Unidos no se atrevió a presentarse a la elección.

G. W. Bush sobre un fondo de incendios, asesinatos y violencia en el mundo. G. W. Bush, que pronto deberá dejar el poder, se pregunta qué hazaña puede perpetrar para abrillantar su imagen y sólo encuentra una solución: dirigirse al mundo  y consagrar totalmente su discurso a la “liberación de Cuba”. Explica que va a organizar provocaciones en la isla, que recrudecerá el embargo y asfixiará a mujeres, niños y ancianos hasta que renuncien a su revolución; y que garantizará la inmunidad a los policías y soldados que traicionen a su país.

El que escucha incrédulo este discurso puede reaccionar de dos formas: o considera que es normal que la primera potencia del mundo esté dirigida por este nuevo Nerón que, sobre el fondo del incendio y cientos de miles de muertos civiles en Oriente Próximo,  lanza una llamada a la cruzada contra una pequeña isla de 11 millones de habitantes, o se dice, como yo, que todos estamos amenazados, que nadie está a salvo. Que ya es hora de que el mundo recupere la cordura, de que la humanidad vuelva a poner la razón en su sitio.

El Apocalipsis dentro de lo grotesco, lo inhumano dentro de lo ridículo, la incapacidad de medir sus actos, hasta ese punto el sistema de máximo poder puritano y de adulación han enloquecido al presidente de la primera potencia mundial, ¿éste es el sistema en el que queremos vivir? ¿Cómo podremos mantener la libertad si lo aceptamos?  Sólo hay una solución frente a esto: RESISTIR. Cuba resiste y tiene que pagar. Pero si no resistimos lo que nos espera será peor que la muerte: la cotidianidad de Iraq, la asfixia, nuestros derechos humanos más limitados cada día.

¿El mundo va a aceptar durante mucho tiempo la demencia de Estados Unidos y de un sistema que domina el destino planetario? Este presidente está a punto de irse pero,  como una fiera herida, todavía puede hacer cualquier cosa, desde un ataque a Irán hasta provocar una crisis en Cuba pagando a mercenarios que le darían un pretexto para intervenir en la isla. Todo es posible. ¿Poco creíble? ¿Es creíble que la primera potencia mundial tenga a un G. W. Bush como dirigente y no haya un partido con capacidad para ponerle freno? En semejante sistema ni siquiera sabemos qué se puede esperar de sus sucesores; los intereses que realmente dirigen Estados Unidos siempre encontrarán un individuo que los personifique y aliados en todas partes para impedir la rebelión y justificar lo injustificable.

Es necesario detener a Bush inmediatamente. Pero ahí nos damos cuenta de lo solos que estamos, de hasta qué punto nuestro país, los partidos de izquierda, incluidos los partidos comunistas, nos ofrecen pocas oportunidades para decir que todo esto es insoportable y hay que pararlo. Éste es el verdadero problema, somos impotentes, nos dividieron y nos aislaron para hacernos tragar con todo.

En Francia el presidente parece decidido a acompasar sus pasos con los de G. W. Bush y ser, como en el sistema estadounidense, presa de la avidez, de una sed de dinero con ese deseo violento de poder que enloquece. El miércoles George W. Bush apeló a “la comunidad internacional para que se una a los esfuerzos de Estados Unidos para precipitar el cambio en Cuba en un momento en que el ‘gulag tropical’ de Fidel Castro toca a su fin y el movimiento democrático está creciendo”.  Según Bush “los demás países pueden favorecer el cambio, por ejemplo, abriendo sus embajadas en La Habana a los disidentes y dándoles acceso a Internet”. Anuncia que va a organizar disturbios y pide a las embajadas extranjeras de La Habana que le ayuden.

Bush está completamente loco, pide a los demás países que se sumen a su cruzada contra Cuba mientras todas las naciones de la tierra condenan todos los años el bloqueo al que Estados Unidos tiene sometido al país y que también en Estados Unidos cada vez se condena con más fuerza.

¿Este demente tiene posibilidades de que lo escuchen? Sinceramente no lo sé. En Francia hemos elegido un nuevo presidente que manifiesta un servilismo y una adhesión inquietantes a las peores locuras de Estados Unidos, tenemos un ministro de Asuntos Exteriores cuyo sionismo hace que esté listo para cualquier aventura bélica tras los pasos de Estados Unidos. Podemos estar seguros de que se van a poner frente a Cuba como se han puesto frente a Irán. Pero en el caso de Cuba no se puede inventar ninguna amenaza, la agresión no tiene ningún pretexto salvo el rencor loco, el despecho de un demente. ¿Qué hace la izquierda?, ¿que hacen los partidos comunistas?, ¿hasta dónde seguirán petrificados? Ya no se atreven a luchar contra la propaganda gubernamental relativa a Francia, que es real, y hace mucho tiempo que aceptan que se diga cualquier cosa con respecto a Cuba. Porque esta propaganda toma un aspecto cada vez más evidente: terminar con todas las resistencias.

Sí, la palabra no es exagerada, digo “propaganda”, la prensa y la televisión francesas se han convertido desde hace años en un auténtico sistema de propaganda, las únicas voces autorizadas son las que difunden los desvaríos bushianos, llegando este año incluso a lanzar una campaña que pretendía presentar a Che Guevara como un carnicero y un torturador para rehabilitar a la CIA que lo asesinó. Esa prensa y esa televisión no sólo mienten sobre Cuba hasta el punto de que cualquier turista que vuelve de la isla puede denunciar las estupideces que se difunden todos los días en nuestros medios de comunicación, sino que además silencian el sufrimiento de la isla. Callan sobre el bloqueo terrible y sus consecuencias, sobre el terrorismo que sufre Cuba, hablan de las dificultades de la población sin señalar nunca el crimen del bloqueo…

Tenemos derecho a que nos informen de lo que pasa realmente en el mundo, forma parte de nuestros derechos democráticos, del futuro que estamos construyendo; de la información dependen la paz o la guerra, el desarrollo o el saqueo, una vida decente o la opresión.

Defender a Cuba de la demencia de G. W. Bush es defender otro mundo: el derecho internacional respetuoso de las soberanías, débiles o fuertes, el derecho a que cada uno elija a su gobierno, el rechazo a una injerencia que sólo es hipocresía, violencia y odio tras la máscara de la ayuda filantrópica. Es defendernos a nosotros mismos porque de lo que se acusa a Cuba es de permanecer en pie.


http://socio13.wordpress.com/2007/10/27/defendre-cuba-c%e2%80%99est-defendre-notre-propre-liberte-appel-a-mes-concitoyens/#more-652

Danielle Bleitrach, es socióloga, profesora universitaria jubilada y autora de numerosos libros y artículos sobre la clase obrera, el mundo del trabajo y los problemas del desarrollo en el marco de la globalización.

Caty R. y Rocío Anguiano pertenecen a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.

 


 

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