El cantautor español, Luis Eduardo Aute, falleció este sábado en Madrid a los 76 años de edad, según fuentes de su entorno familiar, que desconocen si pudiera estar relacionado con el coronavirus. El autor de La Belleza estaba retirado de los escenarios desde que sufrió un grave infarto en 2016 que lo mantuvo dos meses en coma.


Este video corresponde al programa de Televisión Española de 1993, presentado por el periodista y también entrañable amigo de la Revolución cubana Carlos Tena, sobre la gira y disco "Mano a mano", de Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute.

Programa en la TV Cubana "La pupila asombrada" sobre la obra de Aute (septiembre de 2019)

Falleció el cantautor español Luis Eduardo Aute

Tomado de Cubadebate

El cantautor español, Luis Eduardo Aute, falleció este sábado en Madrid a los 76 años de edad, según fuentes de su entorno familiar, que desconocen si pudiera estar relacionado con el coronavirus. El autor de La Belleza estaba retirado de los escenarios desde que sufrió un grave infarto en 2016 que lo mantuvo dos meses en coma.

El artista ha sido uno de los principales referentes de la canción de autor en España. Además de músico, Aute era director de cine, actor, escultor, escritor, pintor y poeta.

Nacido en Manila (Filipinas) en 1943, regresó con su familia a España en 1954 para instalarse en Madrid. Su padre le regaló su primera guitarra y actuó varias veces en funciones del colegio al mismo tiempo que comenzaba a pintar. De hecho, expuso por primera vez su obra pictórica en 1960, al mismo tiempo que desarrollaba una incipiente carrera musical en grupos diversos como Los Sonor, sin olvidarse nunca tampoco de la escritura y el cine, disciplina en la que también hacía sus primeras intentonas.

En los años sesenta vivió en París y, tras conocer fortuitamente a Massiel, escribió sus primeras canciones: “Don Ramón”, “Made in Spain”, “Rojo sobre negro”, “Aleluya nº1” y “Rosas en el mar”. Varias de ellas las grabó la propia Massiel con gran éxito.

Se animó finalmente a grabar Aute sus propias canciones con un single con “Made in Spain” y “Don Ramón” en 1967. Empezaba así una carrera musical con una treintena de discos, siendo el último de ellos “El niño que miraba al mar” en 2012.

Fue premiado por un corto en el Festival de Cine de San Sebastián, escribió guiones, publicó poemarios y revistas, diseñó portadas de discos, compuso bandas sonoras. Abandonó la industria musical decepcionado, pero regresó en los setenta con la condición de tener libertad total.

En 1978 grabó “Albanta”, disco que incluye su canción más popular, “Al alba”, dedicado a las víctimas de los últimos fusilamientos del franquismo, pero que no obstante consiguió burlar la censura de la época. Y puso música a la obra teatral “Cinco horas con Mario”, basada en la novela de Miguel Delibes. En 1983, en dos funciones, se grabó en el teatro Salamanca de Madrid el disco en directo “Entre amigos”, en el que le acompañan Teddy Bautista, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat. Este nuevo trabajo sería Premio Nacional del Disco 1983 del Ministerio de Cultura.

Se sucedieron sin descanso los discos y las giras de éxito, no solo por España, sino también por Latinoamérica, tanto en solitario como acompañado por amigos como Silvio Rodríguez. Se sucedieron, igualmente, los poemas, los cuadros y los proyectos audiovisuales.

En el año 2000 se publicó “¡Mira que eres canalla Aute!”, un disco homenaje en el que versionan sus canciones artistas como Pedro Guerra, Ana Belén y Víctor Manuel, Rosendo, José Mercé, Jorge Drexler, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, León Gieco o Fito Páez.

En 2001, tras cinco años de trabajo, dio a luz su película de larga duración “Un perro llamado dolor”, un proyecto de animación para el que realizó más de cuatro mil dibujos a lápiz. El film se publicó en formato DVD acompañado de un disco con la banda sonora, compuesta por el propio Aute, Silvio Rodríguez, Suso Sáiz y Moraíto Chico.

Mientras estaba, como siempre, en permanente actividad creativa, sufrió un infarto en 2016 tras un concierto y acabó entrando en coma. En 2018 tuvo lugar un concierto homenaje en Madrid con Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Massiel, Víctor Manuel, Jorge Drexler, Ismael Serrano, Luis Pastor y Rosa León.

En 2019, al igual que ocurrió en Madrid, se celebró otro concierto de homenaje en Barcelona con, entre otros, Paco Ibáñez, Quico Pi de la Serra, Maria del Mar Bonet, Marina Rossell, Sisa, Roger Mas, Los Tambores De Calanda, Estopa, Quique González o Javier Gurruchaga.

(Con información de Europa Press)

 

Luis Eduardo Aute, adiós al mago de la belleza

EFE

Curioso sin límites, creyente y practicante de la indisciplina artística, Luis Eduardo Aute fue un mago de la belleza que a lo largo de más de cinco décadas abrazó la poesía, la música, la pintura y el cine como si fueran diversas amantes. Nacido en Manila en 1943, vivió en Madrid desde los once años. Nunca quiso hacer canción protesta, porque igual que no creyó en las disciplinas, Aute rehuyó de los géneros y etiquetas.

Aún así fue autor de himnos de la Transición como "Al alba" o "Rosas en el mar", que hicieron populares Rosa León y Massiel antes de que él mismo se decidiera a grabar sus composiciones.

Hoy deja un legado de más de 400 canciones que son una oda al amor, a la vida y a la libertad. "Una de dos", "Amor", "La belleza", "Slowly", "Alevosía", "Sin tu latido" o "Las cuatro y diez" forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones.

"Las canciones, como los poemas, son una manera de hablar conmigo mismo", decía el creador, fallecido hoy a los 76 años, en una de sus últimas entrevistas con Efe, con motivo de la celebración de sus 50 años en la música.

"No es poeta quien escribe poemas, sino quien utiliza cualquier medio de expresión y es capaz de ir un poco más allá del espejo, de construir una mirada distinta, un 'desestatus quo', provocar la sensación de que te quitan el cielo", explicaba.

Su búsqueda de lo mágico y lo inesperado se plasmó también en quince poemarios -el último editado en 2016 bajo el título "El sexto animal"-, una decena de películas y 30 exposiciones plásticas individuales.

Vivía sin ordenador y sin móvil, un lujo al alcance de pocos osados, lo que le permitía dilatar el tiempo para crear.

Aunque su faceta de músico fue siempre la más conocida, sus vocaciones poética y pictórica fueron igual de tempranas. Empezó a pintar con 17 años, casi al mismo tiempo en que debutaba como cantautor en el programa de TVE "Salto a la fama".

Después de terminar el bachillerato, Aute ingresó en la escuela de Aparejadores, pero estuvo 15 días y después se fue a París, la capital de la cultura y la libertad en aquella época.

Su pintura es principalmente figurativa, aunque en algún momento rozó la abstracción, con una fuerte influencia del expresionismo alemán, el fauvismo y el surrealismo, y también cultivó la escultura.

Expuso por primera vez en la Galería Alcón de Madrid en 1960 y algunos de sus trabajos han viajado a ferias internacionales como la Bienal de ParÌs (1964), la de Sao Paolo (67), o ARCO en varias ediciones.

Más recientemente, entre 2004 y 2010, realizó una retrospectiva itinerante que bajo el título "Transfiguraciones" llevó su obra por toda España y algunos países de América Latina.

Fue en 1966, con 23 años, cuando Aute se decidió a entrar él mismo en el estudio de grabación. Lo convencieron desde la discográfica con la condición de tener que dar conciertos ni hacer promoción, para poder tener tiempo de seguir pintando, condición que fue respetada durante más de diez años.

Su primer álbum se tituló "Diálogos de Rodrigo y Jimena" e incluyó canciones como "Rosas en el mar" y "Aleluya 1", que ya había hecho populares Massiel.

La canción "Al alba" la escribió inspirado en los últimos fusilamientos del régimen franquista, en 1975, y la primera en cantarla fue Rosa León, que la dedicó en sus conciertos a los condenados a muerte.

En total tiene 30 álbumes publicados y en 1983 recibió el Premio Nacional del Disco del Ministerio de Cultura por el disco doble "Entre amigos".

En 2003 inició una nueva grabación de todas sus canciones, que se han editado en varios volúmenes con el título "Autorretratos" (Sony). Las letras de todas ellas se han recogido en el volumen "Claroscuros y otros pentimientos" (2014).

En su faceta audiovisual ha compuesto bandas sonoras para películas de Jaime Chávarri, Luis García Berlanga o Fernando Fernán Gómez, entre otros, y es autor de varios cortos y del largometraje animado "Un perro llamado Dolor", nominado a los Goya en 2002 y seleccionado en festivales como San Sebastián, Valladolid o La Habana.

Su salud se resintió gravemente en agosto de 2016 cuando sufrió un infarto que lo mantuvo dos meses en coma. Desde entonces y tras varias estancias en hospitales, permanecía en su casa, cuidado por su familia.

Ese año fue el último en el que pisó los escenarios, con el tour La Gira Luna, en el que cantaba algunas de sus canciones más emblemáticas, incluidas en el disco homenaje Giralunas, que grabaron un año antes músicos como Xoel López, Leiva, Depedro, Rubén Pozo y Soleá Morente.

En noviembre de 2017 muchos de esos amigos y otros de toda la vida como Ana Belén y Víctor Manuel, Serrat, Sabina y Silvio Rodríguez, celebraron otro concierto homenaje para animarle en su recuperación y celebrar su legado.

Decía Aute que una obra de arte lo es en cuanto que es capaz de rozar una dimensión "inesperada y mágica". Por eso, pensaba, el artista se parece más a un mago que a cualquier otra cosa.

 

Murió Luis Eduardo Aute, voz poética y compromiso anti fascista

Resumen Latinoamericano, 4 de abril 2020

A los 76 años, en la ciudad de Madrid

El artista se destacó como cantautor y dejó su marca también en la poesía, la pintura, la escultura y el cine. Falleció como consecuencia de un infarto cerebral. Su familia ignora cómo podrá organizarse su sepelio debido a las restricciones por el coronavirus.

Se había retirado de la vida pública en 2016.

El cantautor español Luis Eduardo Aute murió hoy a los 76 años en la ciudad de Madrid, como consecuencia de un infarto cerebral. Había sido hospitalizado ayer, informaron fuentes de su entorno familiar, que desconocen si el deceso pudiera estar vinculado al coronavirus.

Tras su paso por varios hospitales, entre ellos uno cubano, el cantante permanecía en su hogar al cuidado de su familia, y este viernes había ingresado al centro de salud donde falleció alrededor de las 11.30 (hora española) de este sábado.

Su familia ignora cuándo y cómo podrá ser su sepelio debido a las restricciones en toda la comunidad de Madrid para la instalación de capillas ardientes, prohibidas a causa de la pandemia de coronavirus.

Nacido en 1943 en Manila, el artista no sólo se destacó como cantautor, sino que también dejó su marca en la poesía, la pintura, la escultura y el cine. Su voz quedó plasmada en 19 discos de estudio y en clásicos como «Al alba», «Rosas en el mar» o «La belleza».

Tras haber sufrido un paro cardíaco que lo tuvo dos meses en coma, se retiró de la vida pública en 2016, aunque en diciembre de 2018 volvió a aparecer en un homenaje que le brindaron artistas como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Massiel, Ana Belén, Víctor Manuel, Dani Martín y Jorge Drexler, entre otros.

En 2004 había participado del concierto «Recuperando Memoria», organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), entidad que reclama justicia por los crímenes cometidos durante la dictadura de Francisco Franco.

Los últimos fusilamientos de Franco, en una canción de Luis Eduardo Aute

Hay canciones que todo el mundo se sabe, que todo español mayor de, no sé, 40 años de edad, ha oído al menos una vez en su vida y que se identifican a la primera escucha. “Al Alba”, de Luis Eduardo Aute, es una de ellas. Una canción compuesta en 1975 y que fue un himno en tiempos de la transición, una canción a la altura del “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat, el otro miembro del tándem perfecto de los cantautores españoles de izquierdas de los años setenta.

Y aunque aparentemente, ese “quiero que no me abandones, amor mío, al alba”, parece que nos habla de amor, en realidad esta canción nos está hablando de un acontecimiento mucho más trágico, en un momento crítico de la Historia contemporánea de España. El amor es la trampa que se le ponía a la censura para poder colarle otro mensaje que había que saber leer entre líneas, y es que “Al alba” es una canción protesta que venía a denunciar las últimas ejecuciones de la dictadura franquista. Franco murió matando, porque solo dos meses antes de morirse él mandó fusilar a cinco opositores, a pesar de las protestas de los gobiernos de Europa, de su propio hermano Nicolás Franco y hasta del mismo papa Pablo VI. Estas cinco ejecuciones tuvieron lugar el día 27 de septiembre de 1975 en Burgos y Madrid y este crimen fue el hecho que inspiró a Luis Eduardo Aute para escribir los versos de esta canción eterna.

La belleza y la melancolía del estribillo, suavizada por ese “amor mío, al alba”, contrastan con la dureza y la crudeza de otras imágenes que se deslizan en el poema: maldito baile de muertos, vendrá la noche más larga, los hijos que no tuvimos, miles de buitres callados. Tener que esquivar a la censura obligaba a estas florituras metafóricas para poder deslizar una protesta que no podía ser abiertamente expresada. Y por ello es una canción no sobre el amor, sino sobre la muerte, contra el asesinato, contra la pena de muerte, contra la dictadura.

Es una canción de despedida de una pareja, en la que la viuda que habla despide al cónyuge que va a ser irremediablemente ejecutado contra un paredón con esa pólvora de la mañana justo antes de la noche más larga, y también es una canción de despedida de cuarenta años de franquismo, porque el dictador moriría el 20 de noviembre del 75, tan solo dos meses más tarde de aquellos asesinatos y de la escritura de esta canción, lo que se expresa claramente en el verso “el día que se avecina, viene con hambre atrasada”.

La primera versión famosa de “Al alba” fue interpretada sin embargo por Rosa León, quien le dio esa voz femenina de la viuda que clama “quiero que no me abandones, amor mío, al alba” y apareció ya en los últimos meses de 1975. El propio Luis Eduardo Aute no la grabaría él mismo hasta 1978, cuando apareció en su álbum “Albanta”. Desde entonces es un tema clásico, que no falta en sus recitales, que se ha convertido en un himno para varias generaciones y en todo un icono de la canción protesta española. Hoy, en “La Historia detrás de la canción”, los fusilamientos del franquismo narrados por Luis Eduardo Aute en “Al alba”.

 

El Espejismo de intentar ser Uno Mismo

Esneda Cristina Castilla Lattke

Detrás del documental Aute Retrato está la polifacética obra artística de un ser humano que se agiganta década tras década en nuestra memoria cultural.

La obra de Luis Eduardo Aute es coherente e indisciplinada a un tiempo, ensimismada en su acción, atenta en su intención de hablar de ese mundo al revés.

En el año 2015 el cineasta Gaizka Urresti no contaba aún con el convencimiento suficiente de un artista a quien propuso hacer una película sobre los cincuenta memorables años de toda su carrera. Desde la humildad que le ha caracterizado siempre, no se sentía merecedor de materializar propuesta semejante. Pero la luz del artista es tan alargada que ciega maravillosamente a tantas generaciones que siguen creciendo con él, y ya era hora de que el colosal edificio construido por las manos y la palabra de un Genio hecho hombre, se hiciese aún más visible al mundo.

Tras darle varias vueltas, finalmente sucumbió el mayúsculo Artista, se animó el venerable Animal, y hoy se puede ver en la gran pantalla el largometraje documental con el elevado nombre que lleva por título: Aute Retrato. Una muestra cinematográfica formidable (2019) con la que desde nuestra butaca podemos dejarnos subyugar por el monumento humano, la leyenda viva que hace fundirnos en el misterio inefable de una manera inédita de entender la Cultura y el Placer, de entender la pura Creación. Colaboradores, compañeros de profesión, amigos y familiares secundaron y participaron en el proyecto desde el principio.

Datar la polifacética obra artística de un ser humano que se agiganta década tras década en la memoria cultural de un país, que traspasa fronteras geográficas y casi todo límite formal, es, aún más que difícil, una arriesgada tarea que cualquier ejercicio de tacto y respeto exige al hablar de un inimitable Hacedor. Pues se trata de una obra coherente e indisciplinada a un tiempo, ensimismada en su acción, y atenta en su intención de hablar de este mundo al revés, un mundo inmundo que también es contramundo para él. Como afirma, casi todo tiene su opuesto y sólo nos salva el rozar siquiera un instante la Belleza… Los ángeles y demonios que le acompañan desde su niñez observarían las presentes líneas tercamente comprensivos, y otorgarían, quizá, el derecho de equivocarnos hasta por marginar tipográficamente el contenido de unas palabras referidas a él, grabadas en el limitante e intangible formato de este soporte digital.

Así que, como resonaría en la memoria musical de quienes seguimos escuchando sus canciones, dejemos los datos y seamos un cuerpo enamorado… Fundámonos en el extasiado y estremecedor mundo de un sabio Poeta que consigue aglutinar con la matemática coherencia del humanista de antaño la inexacta ciencia de un sinfín de indisciplinas artísticas, las cuales brotan de un deseo incombustible de conocer. Que brotan de una misma raíz: de ese placer de expresar, de crear, de la libertad de hacer lo que uno quiere sin ignorar el noble y obligado oficio de amar. Tal armadura logra proteger la gruesa piel del deseo imperturbable de descubrir el Enigma, el Misterio de por qué Yo, por qué Tú, por qué Aquí y por qué Todo.

A Hidras y basiliscos se enfrenta cien mil veces y lo hace cuerpo a cuerpo, con alas y balas y un beso por fusil. Enemigo de la guerra no tarda en dialogar con el poema, con el cuadro, con el fotograma, con sus personajes transubstanciados, con un tipo de historia que se cree oficial, pero logra desbaratar con elegante ternura e insólita lucidez…  Su pensamiento nunca ha podido tomar asiento porque el mundo es sueño y lucha que rueda en animación sonora cinematográfica infinita.

De una parte, Eduardo es como le llaman sus allegados, familiares y amigos, quienes no tendrían por qué reparar en entrar de lleno en su espacio vital de atemporal substancia de opuestos impuestos sobre los que quiere indagar, mientras la gramática generativa de sus cuadros y dibujos supera cualquier aproximación o pincelada que, entre palabras y prosodia, explota certera en un poema, poemiga o canción. De otro lado, Aute es como le conoce la mayoría de su público, apellido con el que le nombran los que le siguen fieles desde siempre, cada vez más transubstanciados y absorbidos sus sentidos, ajenos a la imagen sabia y burlona del gato de Chesire.

Ironía, Muerte, Amor y Sexo apuntan a la diana expresiva del artista con rigor técnico, mas sin sometimiento formal. Escribir canciones es arresto domiciliario dentro del campo de batalla; pintar es libertad sin frontera, si bien ambas experiencias trascienden el mero acto de comunicar dejándolo a la intemperie. Osada alevosía que se deja arrastrar por los sentidos e imágenes sublimes, y se ocupa flagrantemente de que su mensaje sea claro, pero también velado, en esa suerte intercambiable, complementaria entre los elementos sombra y luz. Ambivalencia que es motivo plástico del que surge el discurso oral, pictórico e histórico; elementos que, juntos o por separado, prefiguraron otros grandes artífices del lenguaje y del color.

Ser casi infranqueable donde habita el niño que aborrece llegar a adulto. Antes prefiere pervertirse −o que le pervierta el Amor en sus múltiples formas− que sucumbir a la perversión infame, a la obscenidad del mercader de almas, a la necedad que nunca libó el néctar de lo bello. Sexo con sexto sentido en espíritu transformado, abiertas las fronteras del amplio y fecundo vientre del Conocimiento. El niño sigue jugando al borde del abismo, o del Mar. Ese niño que respiraba el humo de los cuerpos carbonizados por el fuego de los bombardeos norteamericanos no quiere reconocerse en el dragón en el que posiblemente se vea transformado hace tiempo en esta Europa neofeudal. Es así que Intenta ser uno mismo mirando al mar y gira su rostro para observarse en un acto de contrición. Y cree ver aquel dragón asustado de sí mismo. Con este pensamiento recobra su fuerza omnímoda y se reafirma en jugar eternamente con la paleta, la tinta, el lápiz o el pastel, probando, todavía ruborizado ante un público ya abducido, la ambrosía de su propia voz hecha Milagro. El niño grande escupe una vez más lavas de tintas y pinturas de color sobre partituras sin pentagrama, sobre el envés de cien mil lienzos, mezclando colores sin cuartel, en el afán de dialogar con los personajes despedazados y vueltos a construir ante el fluir infinito de los astros que le circundan. Alterna con el grafito punzante y logra transfigurar más de cuatro mil destellos de significado en movimiento. Dolor se llama el perro protagonista de una de sus películas de animación, pero así también se llama la antítesis del Placer de su amalgamada, entrecruzada, entrelazada Obra de obras. Aute produce, dirige, crea, idea casi con manierismo de ímproba ilusión, no sin seguir las coordenadas que le dicta su tamaña cordura cardiaca, la del sueño de la razón que produce monstruos.

El Animal anima al hombre retratado, quien prefiere la soledad de su estudio con la que dedicar días y noches a intentar ser uno mismo, y sólo apenas se advierta el ser extravertido, irónico e incivil que el público conoce. Ya no hay tiempo específico, las cuatro y diez no fueron sólo las de aquel día, no hay dato concreto, sólo devoción por la incandescente Emoción de seguir vivo. Aunque, no hay que olvidar, para describirla tampoco haya versos libres, pues son esclavos voluntarios de su propia historia. Apenas andan sueltos Satanás, Belcebú y Lucifer, que escaparon buscando fortalezas y fortuna y el Becerro idolatrado por multiversos de licor. Pero nada hallaron, no tenían fe, ni curiosidad, ni criterio propio… Su fuego se agota en sus propias cenizas.

Compromiso consigo mismo y con una contracultura atenazada por las fauces de ese viejo Pandemonium de negociantes, al que bajo el diezmo de la ignorancia corremos el riesgo de someternos a día de hoy. Acaso quede la música y revuelva este fatal ritmo invertido de las horas… Tiempo que vuelve a librar absurdas “cruzadas” por un “falsario” poder detentado por la máquina sutil que mueve al planeta, y que repite autómata el triste adagio, “tanto tienes tanto vales”.  Así, nos recuerda el cambalache problemático y febril de un pasado siglo XX que parece que se repite más feroz en el siguiente.

No obstante, da cuartel al personaje disidente, libera al poemiga irredento, descubre la película velada y otorga esperanza a la canción suicida. Capaz, al mismo tiempo, de contar cantando, de pintar contando y descomponer componiendo para la Vida y el Amor. Su maniobra total no le deja atravesar inadvertido por ese mar de rosas, ni viajar invisible desde Vailima hasta Madrid. Sólo quizá se nos escape la pista cuando hace parada y fonda en su real e imaginada Albanta, país donde es eterna la infancia y el fin no es el fin porque no acaba lo que no empezó… Su producción cobra forma de holograma multidimensional:

Por un lado, el niño que vive en el hombre adulto no ha dejado de hacer malabares imposibles con las letras de un monosílabo, con los fonemas de un grito contenido; transgrede la académica norma de comunicar en un indisciplinado lenguaje el sentido nuevo de cada palabra, escalando por una Torre de Babel que se retuerce en su desvariado acento. Por otro lado, el hombre que sigue siendo niño no duda en convertir al girasol en subversivo giraluna que desafía el orden establecido por la Naturaleza. Anhela ver la cara oculta de un astro fantasmal y comprender su opuesto, el oculto, el huidizo ser de las cosas. Eduardo niño y hombre se manifiesta a través de un verso libre e interminable, ululante y aullador; es el amante de frugales placeres, quien, a pesar de barruntar cadenas y prisiones, nunca le impedirán ir a por el mar.

Esta breve introspección desearía que fuera sueño, acaso aventura de acierto, para no otra cosa que delatar al dueño del cuerpo del delito hecho virtud.  Cada vez es más estrecha la distancia entre Él y el Misterio. Ojalá algún día escapemos del lienzo y corramos libres como girasoles bajo un cielo estrellado. Seamos capaces de traspasar la cara oculta de la luna. El resto es humo.

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