Ya se cumple un año de que la brigada Henry Reeve, número 20, llegó a Turín, Italia, y puede parecer extraño que la incertidumbre que vivía el mundo por esos días rodeados de muertes hoy se sienta diferente, aunque todos sabemos que la pandemia de la COVID-19 aún no ha terminado.


Ese puente que construimos de Cuba a Italia

Liudys Carmona Calaña

Cubadebate

Descargue el libro Hilando puentes (PDF 1.86 MB

Ya se cumple un año de que la brigada Henry Reeve, número 20, llegó a Turín, Italia, y puede parecer extraño que la incertidumbre que vivía el mundo por esos días rodeados de muertes hoy se sienta diferente, aunque todos sabemos que la pandemia de la COVID-19 aún no ha terminado.

Puedo traer a mi memoria imágenes de dolor y desesperación de muchas partes del mundo, pero prefiero subir al puente que construyó la solidaridad y revivir esos meses que, sin ni siquiera proponérmelo, me convertí en parte de esa brigada, escribiendo junto a Yoydel Santines (uno de sus médicos) esos testimonios que quedarán guardados para siempre en las páginas de un libro.

Hilando puentes no solo descubrió que la entrega desinteresada de los hombres, se convierte en amor, sino que fortalece el respeto entre los pueblos, que hacen de la solidaridad el valor más valioso de la humanidad. Yoydel y yo queríamos guardar cada acción, cada gesto, cada mirada, cada lágrima y nada pudo contra eso, el cansancio de las horas en la zona roja, ni la distancia que había entre los dos.

Contamos con la colaboración de muchos amigos que, les confieso, ni los conocía, pudiera hablarles de Luis Miguel Osoria Mengana, el médico más menudo de la brigada, de Karel y Adalberto, amigos inseparables de Yoydel, de Passini —el paciente de la cama 59—, de Michele Curto, presidente de AICET, de Ivan Baigorría el doctor que nos escribió desde África o de tantos otros que nos dieron sus testimonios bajo una presión intensa por lo que acontecía a cada uno desde su puesto...

Pero quiero comentarles de José Carlos Rodríguez Ruiz, el Embajador de Cuba en Italia, su trabajo lo obligaba a dormir pocas horas y con las circunstancias políticas que vivía nuestro país, se le hacía muy engorroso poder sentarse frente a su computadora y trasmitirnos sus experiencias con la brigada. Nada pudo más que el deseo de colaborar con nuestro proyecto y que quedara para la memoria histórica lo que le tocó vivir.

A propósito del hilar de puentes entre Italia y Cuba: Testimonio del embajador de la Isla en Roma

  • Palabras escritas por José Carlos Rodríguez Ruiz, el 27 de agosto de 2020, e incluidas en el libro de Yoydel y Liudys.

Mientras leo noticias y, alternando, escribo estas líneas para el libro Hilando puentes, a solicitud de sus autores, Liudys Carmona Calaña y Yoydel Santines Acuña, me llega el saludo de un querido poeta cienfueguero. Le comento de lo que estaba escribiendo y de modo provocativo, sin muchas vueltas, me pregunta qué recordaría yo, dentro de diez años, de esta etapa en que hemos tenido que vivir acotados y acosados por la pandemia de la COVID-19.

Me deja meditando y en silencio. Es demasiado atrevido dar un salto así a la presunta memoria del futuro, porque la memoria siempre es tesoro del pasado. ¿Recordaré aún para entonces esos momentos en que, en medio de lo peor, estuve ingresado en un hospital consagrado a tratar a pacientes con el coronavirus, y a alguno muy próximo lo vi ahogarse, yéndose? ¿Recordaré el rostro apesadumbrado y agotado del personal sanitario italiano, tratando de salvar vidas frente a un adversario por entonces incontrolado y enigmático?

Posiblemente sean varias las huellas imborrables, pero, las urgencias del día me sustraen de la tentación de meditar sofisticadamente sobre posibles aristas y detalles que pudiera o no recordar dentro de una década sobre esta pandemia global. Sin embargo, una certeza me acompaña ya como roca granítica: seguramente conservaré vívida memoria de la experiencia de recibir, estar cerca y despedir con el orgullo compartido del deber cumplido por ellos, a los médicos y enfermeros cubanos que combatieron la Covid-19 en Lombardía y Piamonte.

Su presencia en Italia marcaba un hecho inédito. Larga es la trayectoria de colaboración médica de Cuba con el mundo, iniciada pocos años después del triunfo de la Revolución Cubana. Sin embargo, por primera vez un país del llamado Primer Mundo, Italia, la séptima economía del mundo, miembro de la Unión Europea y de la OTAN, acogía la ayuda sanitaria, de emergencia solidaria, proveniente de Cuba, un pequeño Estado socialista del Caribe. En medio de tan grave situación humanitaria, se derribaba un muro que parecía, hasta poco antes, imposible de quebrar.

Pudo más la fuerza de la solidaridad y la necesidad humana, que los estigmas y los bloqueos nuevamente intentados por Estados Unidos, acompañado por el coro de algunos secuaces ideológicos de penosa monta y el silencio de los sometidos.

En medio del acontecimiento más serio que ha vivido el mundo en lo que va de siglo, la presencia médica cubana en Italia adquiría lógica repercusión mundial. Se echaban a un lado algunos clichés y se repensaban paradigmas. La solidaridad dejaba de ser palabra de discursos y se vestía de batas blancas cubanas. 

Entre el personal sanitario que, como parte del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve”, viajaron a Italia en el momento en que el epicentro mundial de la Covid-19 se ubicaba precisamente en este país, estaba Yoydel Santines Acuña, procedente de la Isla de la Juventud. Un joven especialista de primer grado en anestesiología y reanimación del Hospital Héroes del Baire. De los 38 integrantes de aquella brigada, llegados en la mañana del 13 de abril a suelo italiano, y que laboró durante tres meses en Turín, capital de la Región de Piamonte, 16 estuvieron en África, donde enfrentaron al virus del ébola.

Esa experiencia y las precedentes de otros fueron valiosas. Sin embargo, cuando nuestro personal sanitario llegó a Italia la COVID-19 seguía provocando más incógnitas que certezas. La morbilidad y mortalidad provocada por la misma eran mucho mayor que la causada por el ébola y exigía entrega profesional rigurosa, conciencia y convicción. Los riesgos eran grandes, pero la voluntad mayor.

La ciudad estaba paralizada cuando llegaron. La incertidumbre y las angustias llenaban los espacios urbanos vacíos, las casas, hospitales y el interior de las personas.

Se imponía una batalla ardua por la vida. Y nuestros médicos y enfermeros, apoyando con mucha integridad al personal sanitario italiano, se consagraron a ello. Pusieron a prueba su formación académica, toda su alta preparación clínica. Dieron el alma noble de los cubanos y la entrega de los revolucionarios. Todos lo percibieron, en primer lugar, los pacientes, sus familiares, los colegas de profesión, las autoridades regionales, nacionales y el pueblo italiano. Nuestros médicos y enfermeros cuidaron, salvaron y a la par sembraron calidez humana y agradecimiento.

Los odios tuvieron que esconderse, porque el amor triunfaba. La prensa no pudo menos que reconocerlo.

No era solo la consideración y el agradecimiento de los médicos y enfermeros italianos; la opinión elogiosa y agradecida de las autoridades regionales o los amigos que integran el amplio movimiento de solidaridad con Cuba en Italia; no era solo el reconocimiento justo de algunos ministros del gobierno nacional, incluyendo el Canciller, el de Defensa o el de Salud; y tampoco los mensajes públicos de íconos de la música italiana como Fiorella Mannoia o Laura Pausini los que darían razón del esfuerzo y el mérito; fue el agradecimiento difuso y popular que emanó del pueblo italiano el tributo y el premio más grande con que nuestros médicos y enfermeros regresaron a Cuba. Y luego, el orgullo del pueblo cubano que los acompaña todo el tiempo.

Estamos ya en agosto y en Italia las noticias confirman rebrotes en varias localidades y una reciente escalada en el número de casos nuevos de personas contagiadas por la COVID-19. El país, seis meses después de registrar sus primeros enfermos y fallecidos, sigue en jaque. La economía anda disfuncional por la afectación a sectores de tanto peso como el del turismo. La sociedad sigue dividida entre la saturación de tensiones derivadas de tantas constricciones, el camuflaje de rostros detrás de los nasobucos y la ansiedad por retomar los ritmos cotidianos de vida.

Pero, no es Italia la que lleva la peor parte a la altura de agosto de 2020. En algunos países de Asia o en África las estadísticas podrían ser vagas y no estar poniendo en claridad algunas zonas sin controles. Mientras tanto, el foco de la pandemia mundial se ha trasladado para América, el continente donde Estados Unidos y Brasil mantienen lamentable primado de enfermos y muertes.

El 24 de agosto, Cuba inició los primeros ensayos clínicos de Soberana 01 su primera fórmula candidata a vacuna contra la #COVID19. Laboran en la FINLAY-FR-1, como también se identifica a esa fórmula prevacunal, científicos y técnicos del Instituto Finlay, del Centro de Inmunología Molecular, que entre otros forman parte del conglomerado empresarial científico-técnico y productivo BioCubaFarma, la Universidad de La Habana y otros centros científicos del país. Quiso la coincidencia que ese mismo día también Italia iniciaba los primeros ensayos clínicos con su propio candidato vacunal contra la Covid-19. Cuba inició los ensayos aplicando la dosis a veinte voluntarios, Italia a un voluntario.

Hasta el momento solo pocos países, con tecnología y ciencias avanzadas, laboran en el desarrollo de sus propias formulaciones pro-vacúnales para hacer frente a la COVID-19. Y entre ellos, solo uno latinoamericano, solo uno de entre los países en vías de desarrollo: Cuba. Es sencillo de decir, pero a este punto se arriba solo con un acervo de desarrollo educacional y científico notables.

Algunos, con burda intención manipuladora o desconocimiento infausto, luego de conocerse el paso dado por Cuba, comentan en las redes sociales digitales que también en otros países de América Latina se iniciarán dentro de unos meses ensayos clínicos de fórmulas candidatas a vacunas contra la Covid-19. Sin embargo, omiten que, en ninguno de esos casos, excepto en el de Cuba, se harán con fórmulas vacúnales propias, desarrolladas por alguna industria biotecnológica, empresa farmacéutica o universidad nacional. Se tratan de proyectos desarrollados en países como Rusia, Reino Unido o Italia. Más que bien merecido entonces el nombre de Soberana 01 dado a la fórmula cubana FINLAY-FR-1.

Sea la formación y labor de paz y salud que a nivel mundial despliega el Contingente “Henry Reeve”; sea la posibilidad de contar con miles de médicos y enfermeros, bien capacitados y dispuestos a servir a la vida en cualquier rincón del planeta; sea el alentador avance de Cuba en su aspiración legítima de contar con una vacuna contra la Covid-19, todo ello es resultado de la obra esforzada de la Revolución Cubana, fundada y aún en desarrollo bajo un espíritu humanista irrenunciable.

Y de ese espíritu es hijo también el Doctor Yoydel Santines. 

Cuando, junto a sus otros compañeros lo despedí en el aeropuerto de Milán, a punto de emprender su viaje de retorno a Cuba, él con el deber cumplido y sabiendo yo que era de la Isla de la Juventud, le dije que seguramente nos mantendríamos en contacto.

Allí, en el umbral de la portezuela le deseé, como a todos, feliz regreso al terruño y a él en particular le revelé que me sentía un poco hijo de la Isla de la Juventud, pues en mis años mozos había estudiado en la Escuela Secundaría Básica en el Campo No.33 “Giovanni Ardizzone” (joven asesinado en la Plaza de la Catedral de Milán, cuando en octubre de 1962 participaba en una manifestación en defensa de Cuba).

La nave aérea estaba ya a punto de despegar y no alcancé a explicarle que la Embajada de Cuba en Italia estaba iniciando una intensa labor dirigida a articular las distintas regiones de Italia con las provincias de Cuba y con el territorio (para mí también provincia), que lleva el nominativo de Municipio Especial de la Isla de la Juventud.

Desde la Embajada estamos empeñados en buscar y fomentar oportunidades de cooperación e inversión desde Italia hacia todos los territorios de Cuba, en línea con la política para el desarrollo territorial del país, aprobada en julio de 2020 por el Gobierno cubano.

Para ese empeño de establecer puentes, en el caso de la Isla de la Juventud, como el de cualquier otro territorio, es clave contar con la contribución entusiasta y comprometida de sus hijos naturales y adoptivos, sea por sus responsabilidades o más allá de éstas.

Y no podría faltar en ese propósito el aporte del Doctor Yoydel. Salvando vidas en Italia, pudo constatar las simpatías que en el pueblo italiano se cultivan hacia Cuba y seguramente pudo aquilatar él mismo su propio aprecio hacia este país, desde el cual jóvenes garibaldinos fueron a finales del siglo XIX a combatir por la independencia cubana. Y, claro, no faltó su disposición.

Las circunstancias nos dieron la oportunidad de vivir coincidentemente, desde responsabilidades distintas, momentos muy especiales. Y ahora también nos ponen delante de la necesidad de seguir trabajando juntos, de seguir obrando para el bien de Cuba y, como parte de ella, de la Isla de la Juventud.

Por todo ello, no podía faltar tampoco mi disposición a escribir estas líneas, cuando el Dr. Yoydel me lo solicitó. No sé si resultarán apropiadas para el tono del libro, pero con estima, compromiso y gratitud están escritas.

Solo me queda un sueño, que espero cumplir, el de regresar algún día a la bella Isla de la Juventud, la isla de los primeros amores, tierra fecunda, que ha sido mundo en sí misma y que es futuro promisorio. Así la veo, así la siento, así la quiero.

Hace un año de toda esta experiencia, y cada testimonio de nuestro libro tiene un valor inigualable para la historia de esta pandemia. José Carlos, como tantos cubanos, estaba seguro en aquel entonces que el 24 de agosto se iniciaba una gran verdad que daría seguridad a toda la humanidad. La vacuna cubana que hoy se multiplica en cinco candidatos vacunales en desarrollo clínico y se convierte (Soberana 02), en la primera vacuna desarrollada en América Latina en llegar a esta etapa. Italia y Cuba no cesan en el empeño de unir nuestras culturas y proclamar el fin del bloqueo para nuestra patria.

En solo un año, en muchos lugares de Italia se ha escrito el nombre de Cuba: “Grazie Cuba”, y se muestra nuestra bandera con el mayor orgullo. Sea entonces este testimonio una luz en el camino, al igual que tantos otros fuera de nuestro libro (casi todos con uniformes blancos), que serán contados nuevamente cuando la humanidad se haya librado esta terrible pandemia que nos obligó a confiar en la solidaridad y nos hará volver, una y otra vez, sobre ese puente que construimos.

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